Su historia de éxito ha ocupado espacios en el New York Times. Oprah Winfrey calificó su producto como “el mejor chocolate caliente en la tierra”, además logró complacer el paladar del expresidente de EUA Bill Clinton, y lo mejor de todo es que es hondureña.
La exitosa empresaria del chocolate, líder en el mercado mundial, Maribel Martínez de Lieberman compartió con LA PRENSA su historia desde la niñez que vivió en los campos de Jutiquile, Olancho, hasta ahora.
Ahí nací y crecí hasta los 11 años. Fue una niñez muy linda, no éramos ricos, éramos una familia del campo, pero mis padres nos daban mucha motivación para la educación. Tener una niñez en el campo fue lindo, ahora vivo en otro mundo tan distinto que me hace apreciar el otro lado. Esa oportunidad de haber vivido en el campo es uno de los motivos por los que he triunfado, porque me inspira la naturaleza.
Desde pequeña fui independiente. A los ocho años vendía caramelos en la escuela y pan con mantequilla, esos fueron mis primeros negocios. Siempre me quería mover haciendo mis propios negocios. Cuando tenía que ir al bachillerato mi madre me dijo “a mí me da miedo que no vayas a terminar la universidad, eres muy impaciente, entonces mejor estudia secretariado bilingüe y ahí va el bachillerato, así si dejas la universidad tenés el secretariado”. Yo no contaba con que odiaba el secretariado, pero no lo sabía. Pasé el primer año a puras cachas. El segundo lo perdí y fue una decepción para mí y para mi madre porque ella estaba acostumbrada a que sus hijos se graduaran con medallas de oro, pero a mí me costaba aprender mecanografía y taquigrafía. Ese día mi madre me dijo, “ya no te voy a ayudar, ahí ve lo que haces”. Tenía 17 años, empecé a buscar trabajo y no encontré. Una amiga me dijo que había una señora en Washington que necesitaba que alguien estuviera en casa cuando sus hijos regresaran de la escuela, pero pagaba con escuela para estudiar inglés y así decidí irme.
Yo estaba tan decepcionada con lo que me había pasado que mi finalidad era hacer algo, aprender inglés. Nunca me concentré en esa depresión, pensaba qué voy a hacer y cómo voy a sacar provecho. Iba a la escuela al mismo tiempo que los niños, a la señora lo que le interesaba era que alguien estuviera en la casa cuando ellos llegaran. A mí no me importaba que no me pagaran con tal que tuviera dónde vivir e ir a la escuela.
Al año me regresé a Honduras, pero después de haber vivido sola me di cuenta que podía sobrevivir y regresé de nuevo a Estados Unidos. Aunque tenía solo 19 años sabía que podía. Conseguí trabajo, estaba feliz y continué estudiando.
Cuando yo me fui, otra gente decía que antes era más fácil. Todo el tiempo va a ser más difícil.
No, no. Yo pienso que si me hubiera quedado, también hubiera brillado. Eso está en uno mismo. Posiblemente haya más dificultades acá que en Estados Unidos, pero para todas las adversidades hay soluciones.
El chocolate ha sido la fuente para mi éxito. Significa mi corazón, es mi destino, para eso nací. Creo que cuando descubrí que venía de los mayas, que son mis raíces, me enamoré más. Sentí que estaba destinada a traer el crédito al país, nuestros países, porque todo mundo piensa que el chocolate belga o el francés son los mejores.
Yo no me metí inmediatamente, pero siempre andaba en negocios. No todo lo primero que uno toca se vuelve oro. Me metí a muchos negocios de pirámides, trabajé con una compañía de cosméticos de Japón y me enamoré de la historia porque ellos eran una farmacia, inventaron la pasta dental. Con ellos aprendí muchísimo de mercadeo. Por ellos me gusta poner historia a todos mis productos.
Soñaba con tener mi propio negocio, no me miraba ya mayor trabajando para alguien, siempre me miré trabajando para mí. Me quería meter en cualquier negocio, pero descubrí que me encantaba la cocina cuando me casé. Ahí empecé a experimentar con la comida y cinco años después abrí mi compañía de eventos. Todo empezó porque una vez contraté ese servicio y aprendí que yo lo hubiera hecho mejor, entonces decidí hacer cenas empezando por mis amistades. Me empezaron a recomendar, al grado que le hice cena al presidente Bill Clinton, al actor Harrison Ford y otras personalidades. Pero empecé en mi casa, al año ya tenía una compañía comercial y cinco años después le di cara abriendo una tienda gourmet con jaleas y cosas que yo hacía y así surge la idea del chocolate.
Siempre he sido creativa y me han copiado las ideas, pero eso me empujó a hacer mi propia fábrica.
Sudáfrica, Francia, Inglaterra, Japón y Estados Unidos.
Estoy en una área donde vienen muchos artistas, Ricky Martin viene todo el tiempo, Susan Sarandon, Steven Spielberg.
Eso me deprime. Todo mundo me llama, especialmente cuando hay noticias como la muerte de la Miss Honduras. Por eso es necesario hablar más en positivo, esa es la imagen que debemos vender.
Realmente yo no me meto mucho en política, ni en Estados Unidos ni acá. La gente está muy entusiasmada y eso me encanta. No sé cuál es la realidad, pero si el corazón de la gente tiene esperanza, eso cambia la energía del país.
Lo principal es tener pasión. Uno piensa que trabajando para uno mismo no va a trabajar tanto, pero se trabaja el doble y se gana casi nada al principio, y si no tiene pasión muchos tiran la toalla. Por eso se necesita pasión y perseverancia, y una vez que encuentra eso se necesita un equipo capacitado.