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Por el control de venta de droga fue masacre en Tela

  • 22 diciembre 2019 / 10:12 AM /

Autoridades militares mantienen el manejo del centro penal.Algunos familiares llegaron a reclamar los objetos personales de las víctimas.

TELA, ATLÁNTIDA.

Reos de la mara Salvatrucha (MS-13) que pretendían mantener el control de la venta de droga dentro del centro penal de Tela son los principales sospechosos de haber asesinado a 18 y herido a 16 presidiarios el viernes anterior.

José Coello, portavoz de la Fuerza de Seguridad Interinstitucional Nacional (Fusina), le informó ayer a LA PRENSA que “se supone que fue la mara MS” la que atacó a miembros de otras estructuras.

Acribillaron “se supone a miembros de la estructura contraria” y al mismo tiempo mataron a “miembros de otras estructuras criminales, entre ellos pesetas, chirizos...”, dijo en una entrevista telefónica.

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“Son a través de riñas, de pelea de poder en los centros penales para mantener el control… de la venta y distribución de drogas y otros factores”, respondió Coello al ser consultado sobre el motivo por el cual los hechores dispararon contra los otros reclusos.

El viernes, un poco después de las cuatro de la tarde, reos armados con pistolas nueve milímetros dispararon a sangre fría contra grupos de presidiarios que se encontraban en distintos lugares del penal.

Intervención
1-Intervenido hasta estabilizarlo.La junta interventora de centros penales mantendrá militares en el presidio hasta depurar el sistema de seguridad y lograr el control total.
2-Bajo de un proceso de estabilización.Los presidios de Támara, La Tolva, El Pozo, El Porvenir y el de Tela están en un proceso de tres etapas: intervención, estabilización y transición.
Luego del tiroteo, que duró aproximadamente 25 minutos, las autoridades encontraron los cadáveres y heridos en la cancha y en los módulos 2, 3 y 4.

Algunos heridos relataron el sábado que los hechores son mareros de la MS-13 y salieron de uno de los módulos disparando a quemarropa.

Hasta el viernes, en este centro penitenciario había una población de 367 reos, pero ayer, la cifra descendió a aproximadamente 300 por los 18 muertos y unos cinco heridos (de los 16) que aún se encontraban internados en el hospital Mario Rivas de San Pedro Sula.

Es lamentable lo que ocurrió, murió gente que estaba por delitos menores.

Vicente Amaya, pariente de un reo muerto

Horas después de la masacre, las autoridades de Fusina, bajo la dirección de la junta interventora de centros penales para recuperar el control, trasladó a otras cárceles del país a 39 reos.

Entre los 39 reclusos trasladados se encuentran varios de los que ejecutaron la matanza, según informes de Coello.

Visitas

En la mañana de ayer, que era día de visita, algunas personas llegaron al presidio para confirmar si realmente sus amigos o parientes que están presos se encontraban vivos o muertos,

“Bendito sea Dios”, exclamó Rigoberto Lobo cuando encontró el nombre de su padre Rigoberto Santos Lobo con el número 105 en la lista de los internos que están bien y que colocaron en el portón las autoridades del presidio.

Lobo llegó con su hermano Erlin al presidio para reunirse con su padre de 83 años que, desde hace ocho años, se encuentra preso por homicidio simple.

“Gracias a Dios que mi papá está vivo. Como no dejan entrar a nadie, nos vamos, otro día vamos a regresar, el 24 creo que sí van a dejar entrar a los familiares”, dijo Erlin Lobo.

Me siento tranquila porque mi esposo está vivo, pero me toca ir a támara.

Elizabeth Ávila, esposa de un reo trasladado
Desde el sábado, la junta interventora de centros penales mantiene un contingente de militares dentro del presidio y no permite el ingreso de civiles.

“Yo venía porque los domingos es de visita. Soy de Colón, pero vine porque andaba aquí cerca”, dijo un ciudadano que buscaba en la lista de los vivos a José Isaí Cuellas Landaverde.

Sin embargo, las autoridades permitieron ayer que los familiares les llevarán platos de comida rotulados con los nombres de los presos y los cuales entregaban a un guarda penitenciario a través de la ventana del portón para que los revisara.

El sábado, agentes de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) encontraron en una caleta 10 pistolas calibre nueve milímetros que, según las autoridades, utilizaron los criminales para ejecutar la masacre.

Los familiares de Juan Alberto Turcios (de 20 años), uno de los asesinados, llegaron a solicitar los objetos personales que él utilizaba y guardaba en la celda.

“Desde hace poco estaba preso porque él compró una moto que era robada y él no sabía. Decían que iba a salir de la cárcel en 2020”, dijo Vicente Amaya, tío de Turcios.

Elizabeth Ávila, esposa del recluso Héctor Antonio Díaz, viajó de La Lima, Cortés, a Tela para enterarse de que su cónyuge ahora se encuentra recluido en la cárcel de Támara.

“Me toca viajar a Támara a verlo. No importa, peor hubiera sido que me hubieran dado una mala noticia”, dijo.

Hasta ayer, la junta interventora de centros penales no había rendido un informe oficial sobre los hechos ocurridos el sábado.