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Canas al aire, tiran viejos bailadores en San Pedro Sula

  • Actualizado: 21 abril 2017 /

Los adultos mayores bailarines, no solamente se divierten, sino también hacen gozar a los espectadores.

San Pedro Sula, Honduras

Los martes y los jueves, Alfredo López Sabillón cierra temprano su puesto de artesanías en el mercado Guamilito para ir a demostrar sus habilidades de bailador a la plaza peatonal de San Pedro Sula.

Allí, al entrar la noche, arranca gritos y aplausos del público cuando se mueve como Pedro el Escamoso bailando El pirulino al son de la marimba Usula Municipal. Por ser un fiel imitador de ese personaje de una novela colombiana, los concurrentes al popular concierto lo conocen como Pirulino.

Compite con otros experimentados danzarines que tampoco faltan a ese tradicional bailoteo al aire libre, no por ganar un premio, sino por pura diversión. El título de mejor bailador que otorga el público asistente lo ostenta actualmente don Carlos, otro de los infaltables danzarines.

Estos viejitos bailarines, como los llama con cariño la gente, no solamente se divierten ellos, sino también hacen gozar a los espectadores cuando realizan los quiebres de un bolero o balancean sus caderas al ritmo de un merengue.

La marimba Usula Municipal ameniza en la plaza peatonal de San Pedro Sula.

El Pirulino sampedrano dice que él baila en festividades públicas desde que tenía once años. Recuerda las fiestas de san Judas, san Antonio y san Pedro cuando rumbeaba en casas adornadas con manaca en el barrio Guadalupe de la ciudad.

Su compañera de baile por lo general es Martha Lucila Molina, quien se mueve tan bien aseando casas en su trabajo diario como bailando sin parar cualquier son que le toquen los músicos.

Por ello fue premiada por el público que rodea la improvisada pista de baile como la reina de las bailadoras. Sus primeros pasos rítmicos los dio a los 16 años en los salones de su natal San Marcos, Santa Bárbara.

Una de las condiciones que ponen los espectadores para otorgar el título a la mejor bailadora o bailador es que no paren de bailar desde las cinco de la tarde que empieza el concierto hasta las siete de la noche cuando termina.

Dos personas del público se encargan de elaborar la lista de bailadores y bailadoras que con más frecuencia y puntualidad llegan a demostrar sus dotes de danzarines para que el conglomerado, con sus aplausos y gritos, seleccione al mejor.

Uno que otro joven se cuela entre los viejitos, contagiado por el ambiente festivo al que no se paga entrada, como es el caso de Wilmer Leonel López, un estudiante universitario de Pedagogía, quien llega desde Villanueva, donde trabaja como maestro de educación primaria.

Se pasea elegantemente por toda la pista y hasta por el estrado, donde está tocando la marimba, prendido del talle de su bailadora mientras disfruta de un swing, su ritmo preferido.

Cada uno de los bailadores tiene su propio estilo y preferencia por los diferentes ritmos, pero todos disfrutan en camaradería del fiestón, aunque no faltan los celos profesionales entre ellos.