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"'Antes de ser monja tuve novio, a los 18 años entré al convento': Sor Valdette"

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“Tengo el sueño que la gente viva en paz y no tenga la necesidad de migrar a otros países para poder sobrevivir”.

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San Pedro Sula, Honduras.

Desde hace 37 años se entregó por completo a Dios, hoy habla con LA PRENSA de cómo inició este proceso. Sor Valdette Willeman, de origen brasileño y con ascendencia alemana, llegó a Honduras para convertirse en una mano amiga de los hondureños retornados. Willeman pertenece a la Orden Scalabriniana, enfocada en la migración y refugiados, labor que realiza con mucha devoción. Reconoció que lo único que extraña de su país es la familia, a quienes visita una vez al año.

¿Dónde nace sor Valdette?

Nací un 4 de diciembre de 1960 en el sur de Brasil, en el departamento de Paraná. Es un lugar que fue colonizado por la inmigración italiana y alemana, por lo tanto yo soy de ascendencia alemana.

¿Cómo inicia su vocación consagrada?

Tengo una familia muy grande y religiosa. Me inculcaron los valores cristianos, y de manera especial los católicos; no nos podíamos acostar sin rezar el Rosario. Recuerdo que usábamos los granos de maíz para contar las aves Marías. Luego conocí a las hermanas Misioneras Scalabrinianas y ahí nació mi vocación.

Al tomar esa decisión, ¿cuál fue la reacción de sus padres?

Mi papá dijo: ‘Si usted descubre que no es su vocación, las puertas de la casa están abiertas’. Eso me dio una seguridad muy grande. Volvería a ser misionera scalabriniana, amo lo que hago, porque esta comunidad nace para las migraciones.

¿Quiénes son su padres?

Mi mamá ya falleció, mi papá tiene 89 años y vive en Brasil. Venimos del campo, sé ordeñar vacas, cuidar animales, hago de todo. Me encanta la finca.

¿Tiene hermanos?

Sí, tengo ocho hermanos.

¿Cómo llega a Honduras?

Nosotras somos misioneras y el lema es “La Patria es el Mundo”, no podemos estar en un solo país. Comencé a trabajar en Brasil, luego me enviaron a Colombia, en donde fui la directora del Centro de Migrante Desplazado, en 1995. En 2004 me fui para Ecuador, estaba muy tranquila allá pero me dijeron que tenía que venir a ayudar al Centro de Atención de Migrantes Retornados (CAMR) aquí en Tegucigalpa. Llegué el 22 de marzo de 2004.

¿Cómo nació el CAMR?

Este centro nació en el año 2000 por las hermanas scalabrinianas anteriores.
¿Tiene alguna misión a futuro en otro país?
Hasta ahora no sé. Pero si me tengo que ir lo haré. Aunque llevo mucho tiempo aquí, vienen hermanas y se van; yo me quedo, algo pasa (risas).

¿Cómo se mantiene financieramente el CAMR?

Son varias instituciones que nos ayudan. Nace por las hermanas scalabrinianas, luego se sumó el Instituto Nacional de Migración, la Organización Internacional de Migraciones. En 2010 cuando se dio la masacre en Tamaulipas, la Cancillería se sumó. Cada uno tiene su objetivo y pone su granito de arena.

¿Qué recuerda de su adolescencia?

(Risas) recuerdo que estudiaba mucho, tenía novio antes de ser monja. Ayudaba mucho en mi casa y he trabajado desde los 14 años más o menos. Escuchaba música.

¿Fue noviera?

No, no me gustaban mucho.

¿A qué edad entró al convento?

A los 18 años y lo volvería a repetir.

¿Qué extraña de Brasil?

Siento mucha nostalgia de la familia. No me acostumbro a estar separada de ellos.

¿Cada cuánto va a su país?

Cada año viajo. Voy para Navidad. Creo que mi papá necesita mucho del apoyo de la familia.

¿En cuál iglesia se congrega?

Vivimos en la colonia 15 de Septiembre y vamos a la Santa Teresa de Jesús.
¿Qué otras actividades realiza?
Yo lavo, plancho, cocino, escucho música, me encanta el cine; soy normal (risas). Ahora, el día domingo es mío, yo me levanto más tarde, rezo más tranquila, lo hago para dar lo mejor el resto de la semana.

Según su experiencia en el país, ¿cuáles son las principales causas de la migración hondureña?

De los hondureños dos cosas principales: la migración forzada y la económica. La migración forzada es la gente que se va para salvaguardar sus vidas. Entretanto, la económica son las personas que necesitan salir porque pasan hambre. Lógicamente hay otros factores, por ejemplo para la niñez y la adolescencia es la reunificación familiar.

¿Qué experiencias ha vivido durante la atención a las personas retornadas?

Damos atención inmediata que incluye hospedaje, alimentación, asistencia médica y sicológica. Estos cuatro factores no podemos dejar de regalarlos. La segunda parte es la reinserción familiar, que son cursos de capacitación a través de Infop. Y por último, la concienciación de los puntos negativos y positivos de la ruta migratoria.

¿Cree que la emergencia humanitaria decretada en 2014 se ha superado?

No, no se ha superado la situación migratoria de los niños ni de adultos. La crisis migratoria continúa, ahora no es solamente de Estados Unidos, es mucho más de México.
¿Es decir que hay más deportaciones de México?
Mucho más, un 62% ha crecido desde México y de Estados Unidos ha disminuido un 52% en este año.

¿Constituye el Plan Frontera Sur una violación a los derechos humanos de los hondureños?

Totalmente, porque los hondureños no se quieren quedar en México sino llegar a los Estados Unidos y trabajar para enviar remesas. Entonces, México está impidiendo esto sin analizar la situación de cada persona.

¿Qué le parece el trabajo del papa Francisco, quien se ha identificado en sus mensajes con los inmigrantes?

Es una persona que tiene los pies puestos en la tierra; habla de realidad y no mentiras. Creo que con las giras en Latinoamérica ha crecido la fe. Es una persona protegida por Dios y es lo que la iglesia necesitaba en estos momentos.

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