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‘El corredor del Pacífico está en la mira de las bandas’

Los radares para detectar aeronaves son de corto alcance y hay escasez de logística. Han descubierto que están pasando más precursores químicos.

Isaías Álvarez, jefe de las Fuerzas Armadas de Honduras.
Isaías Álvarez, jefe de las Fuerzas Armadas de Honduras.

Tegucigalpa, Honduras.

El contrabando de la droga que va camino a Estados Unidos no se detiene pese a los intentos por frenar su paso por Honduras.

El general Isaías Álvarez, jefe de las Fuerzas Armadas, conversó con LA PRENSA sobre los esfuerzos que hay para frenar a los narcotraficantes que cada día idean nuevas formas y rutas para traficar sin ser detectados.

¿Los narcotraficantes han establecido nuevas rutas por el país?

El Pacífico es la nueva ruta para el desplazamiento de la droga que llega de Venezuela y Colombia; la están utilizando mucho. El intercambio de información nos ha ayudado a detectar el paso por este punto, pero no quiere decir que han dejado el Atlántico.

En las fronteras hay un escudo naval, terrestre y aéreo, pero nuestro esfuerzo mayor está en la zona de Gracias a Dios y el litoral atlántico. Lo que podemos saber es que se están creando otros mecanismos e incluso otros tipos de droga, y lo están haciendo en las fronteras cercanas con Estados Unidos.

¿De dónde proviene la droga?

Los envíos siempre son de Colombia y Venezuela; por el Pacífico es fácil verlo. La alerta que tenemos es por la llegada de precursores químicos que vienen al país o que van en tránsito, esos son los focos que ahora estamos atacando. Pero esto no solo ocurre en Honduras, sino en Guatemala y México. Los grupos buscan formas para procesar droga. Para dónde van los precursores químicos, en qué los transportan y si son para laboratorios de medicamentos o para estupefacientes, es lo que hay que investigar.

¿La Mosquitia sigue siendo un punto importante para las bandas de narcotraficantes?

Hemos neutralizado las operaciones de las bandas en esa zona. El detalle es que ahí se ha creado una cultura del narcotráfico, corrupción y desinformación, pero en La Mosquitia se entronizó, se tomó la zona y algunas personas pensaron que era su territorio, y se lo hicieron creer a la gente. Los pobladores vivían de eso y lo miraban normal. Llegar hasta ahí a combatir ese flagelo no fue fácil porque fue luchar contra una forma de vida. La venta de droga se volvió normal y esta zona sirvió como centro de almacenamiento. Que entraran los militares era quitarles el negocio, y así lo miraba la gente. Enseñarle a la población que tiene que trabajar honestamente para llevar el pan de cada día a sus casas sin el mecanismo de muerte, no es fácil. Hay que hacer un trabajo sistemático; tenemos controlada la zona, nos ha costado, pero La Mosquitia ahora es otra. No significa que está libre de contaminación, seguimos trabajando, a pesar de los escasos recursos tecnológicos y logísticos que hay.

¿Se instalaron o no los radares en el Atlántico?

Tenemos en la zona radares de poco alcance. Hay uno grande que aún no está operando porque no está todo el sistema. Tenemos radares porque Estados Unidos retiró su radar. Ellos nos dan información limitada, nos dan lo que ellos quieren darnos, desde luego tenemos información de trazas, pero el radar lo retiraron, por eso se decidió comprar radares. Colombia e Israel nos están apoyando en las alertas. Hay información estratégica que la reservamos, pero lo que sí deben tener seguro es que no estamos desprotegidos. Hay un trabajo de protección del espacio aéreo que ha disuadido a las bandas.

¿Tienen la logística para combatir las amenazas?

Tenemos un territorio marítimo tan amplio que de repente no llegamos a donde tendríamos que llegar, y para hacer presencia en estas zonas se necesita más logística. Dos embarcaciones son como dos gotas de agua queriendo llenar un vaso. Es raquítico lo que tenemos para dar seguridad marítima a todas nuestras costas o a todo el espacio que tiene nuestro patrullaje por aire y tierra. Otra limitante es que no se ha delimitado la zona del Pacífico, aunque patrullamos la zona.

¿Cómo valora el trabajo de la Operación Avalancha?

Es una buena operación, que pegó fuerte. No es fácil llevar los recursos probatorios, y es lo que hicimos. Por eso, los resultados son efectivos porque es un trabajo de dos años de investigaciones. Las reacciones van a ser fuertes porque todo deriva de a dónde estamos tocando. Hay que tocar a donde se tiene que tocar. Es un trabajo bien elaborado, pensado, vigilado, no fue de la noche a la mañana.