La literatura se complace en las ironías: Mario Vargas Llosa tuvo que pronunciar su discurso de recepción del Premio Nobel en Estocolmo aquejado por una súbita afonía, pero lo cierto es que la voz de las letras en español se proyectó en 2010 al resto del mundo con una potencia renovada, conquistando nuevos mercados y abriendo puertas al futuro.
Tres acontecimientos consolidaron la producción latinoamericana y española como una de las protagonistas del año literario: el Nobel al escritor peruano, la Feria del Libro de Francfort con Argentina como invitado de honor y la selección de jóvenes narradores en español presentada por la revista británica “Granta”.
En otro capricho literario, los tres coincidieron en la primera semana de octubre, pero cada uno reflejó procesos de mayor calado gestados durante años: el auge de las literaturas latinoamericanas en el siglo XX, el relevo actual de jóvenes -que algunos ya denominan el “post boom”- y el creciente interés por el español en el exterior, particularmente en el mundo anglosajón.
El español “está de moda”, sentenciaba ya a mediados de año la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, ante el aumento de alumnos que aprenden en todo el globo la segunda lengua nativa más hablada del mundo. El Comité Nobel premió a Vargas Llosa por su “cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes sobre la resistencia, la revuelta y la derrota individual”. Fue el duodécimo escritor en español galardonado con el premio literario más importante del mundo y el primero en 20 años: el anterior había sido el mexicano Octavio Paz, en 1990.
“La escritura de Mario Vargas Llosa ha formado nuestra imagen de Sudamérica y tiene su propio capítulo en la historia de la literatura contemporánea”, destacó -en español- el escritor Per Wästerg, presidente del Comité Nobel de la Academia Sueca.
El anuncio de la elección de Vargas Llosa coincidió con la Feria del Libro de Francfort, la cita editorial más importante del mundo, que este año tuvo a Argentina como invitado de honor.
Una delegación de 60 autores, un enorme pabellón sobre cultura, arte y sociedad argentinos y decenas de exposiciones, conferencias y eventos hicieron que Argentina “no sólo cumpliera con las expectativas, sino que las superara”, según dijo la prensa alemana. El aporte más duradero de la presentación argentina se produjo antes de que comenzara el evento en sí y consistió en un programa que subsidió la traducción de 300 obras de autores argentinos a más de 30 idiomas. Otro paso clave para ampliar su mercado literario.
Argentina fue el país con más representantes en la selección de “Granta”. La revista eligió por primera vez a 22 narradores menores de 35 años, provenientes de Argentina (8), España (6), Chile y Perú (2 cada uno) y Bolivia, Colombia, México y Uruguay (1 cada uno).
“No somos un grupo de autores reunidos en torno a un manifiesto común, ni defendemos las mismas cosas”, aclaró el argentino Andrés Neuman, uno de los seleccionados. Pero lo cierto es que muchos medios se apresuraron a hablar ya de la “generación Granta” o del “post boom”, cerrando el círculo abierto por el Nobel a Vargas Llosa.
Desde la Feria del Libro de Guadalajara, Patricio Pron, otro argentino integrante de la lista, atribuyó la antología de “Granta” a un creciente interés de Estados Unidos por el español. “Las razones me parece que deben buscarse en los cambios demográficos en ese país y la creciente aceptación de la comunidad hispanohablante como parte importante de esa sociedad”, dijo al diario español “El País”.
También en Guadalajara, el agente Guillermo Schavelzon se refirió a un año “récord” en traducciones.
Junto con este nuevo ímpetu del español, 2010 será recordado también por la muerte de autores clave en el paisaje de la literatura contemporánea.
El 27 de enero, J.D. Salinger murió de causas naturales en su casa. A sus 91 años, el autor de “El guardián entre el centeno” sólo fue despedido por las pocas personas de su entorno más próximo. Llevaba 45 años sin publicar y 30 sin conceder una entrevista.
José Saramago pasó sus últimas horas acompañado por su mujer y su traductora al español. El premio Nobel portugués, de 87 años, falleció el 18 de junio en la isla española de Lanzarote, donde residía desde hacía 17 años. El mundo hispanohablante perdió en 2010 a uno de sus grandes referentes del siglo XX: el español Miguel Delibes murió el 12 de marzo a los 89 años. El escritor y periodista argentino Tomás Eloy Martínez, muerto el 31 de enero a los 75 años, y el narrador y ensayista mexicano Carlos Monsiváis, fallecido el 19 de junio a los 72, marcaron también el calendario de grandes pérdidas literarias del año.
El capítulo editorial se caracterizó por la ausencia de grandes éxitos de ventas en un año aún lastrado por la crisis, aunque sí vio llegar a las librerías nuevos títulos de autores de prestigio como el propio Vargas Llosa (“El sueño del celta”) o el argentino César Aira (“El error”).
También publicaron nuevas obras el estadounidense Jonathan Franzen (“Freedom”), el israelí David Grossman, ganador este año del Premio de la Paz de los libreros alemanes (”The End of the Land”), o el italiano Umberto Eco (”Il cimitero di Praga”). En poesía aparecieron novedades de dos premios Nobel de Literatura: el irlandés Seamus Heaney (”Human Chain”) y el caribeño Derek Walcott (”White Egrets”).
dpa