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Dobleces y ambigüedades

  • Actualizado: 17 noviembre 2008 /

El hombre en su colectividad también crea frases estereotípicas tal vez con el único propósito de llenar vacíos de compromisos sociales.

    El hombre en su colectividad también crea frases estereotípicas tal vez con el único propósito de llenar vacíos de compromisos sociales, comerciales, políticos o por simple costumbre. 'Lo siento, pero no puede entrar', nos expresa el guardia de un banco, la recepcionista de un funcionario o cualquier persona que nos imposibilite esa acción.

    'Hagan silencio, gracias', nos pedía un profesor de Derecho Agrario en la Unah-vs. 'Gracias por llamar a banco tal', terminó diciéndome una muchacha.

    'Lo siento' es una frase que más o menos significa: 'me da pena, quisiera que esto no sucediera, deseara ayudarlo pero no puedo'. Me pregunto: qué va a sentir aquella persona que me impide entrar en ese sitio si a veces ni sabe quién soy. Aquel fatuo profesor daba las gracias con un tono de enfado, prepotencia y nada de satisfacción, pues su mayor malestar era que por su adusta metodología didáctica nadie le ponía atención. Otra cuestión, ¿cómo una persona me puede dar las gracias cuando la he llamado para increparla por la dilación en mandarme mi estado de cuenta? Es evidente que la dama me agradeció no por afecto, sino por táctica de mercadeo; ella ni siquiera tiene idea de mi imagen física y es seguro que me queda execrando después de haberme atendido.

    Y lo más escandaloso de la pamema comunicativa es que ahora a usted lo saludan y le desean éxitos y felicidad por medio de una grabación cuando el destinatario de un teléfono no puede atenderlo; le dicen que su llamada está siendo transferida y que en pocos segundos será atendido. Encima de toda esto le ponen toda una publicidad de fondo 'para que el cliente no se aburra'.

    El habla es una entidad consciente, viva, y en su nivel expresivo se mueve por esa viveza y no por un frío y muerto mensaje monotemático de computadora. Pero ésta es una de las estrategias de esa ciencia capitalista llamada mercadotecnia. Alguien dirá que más vale una frase hermosa que un seco 'no puede pasar', 'cállense' o 'qué quiere', y en eso estamos muy de acuerdo; dice el análisis transaccional que la caricia siempre es agradable. El problema de este embrollo es el acondicionamiento reflejo de las frases que a la gente poco a nada le importa y ni siquiera las escucha ni las oye, se vuelven monótonas y hasta cierto punto mojigatas. Sería cosa de variar estas formas expresivas para no caer en la más pura de las rutinas.

    Y hablando de rutina, ahora todo mundo habla de rutina: operativos de rutina, exámenes médicos de rutina. Observe el concepto de rutina: 'Costumbre inveterada, hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y sin razonarlas' (Drae).

    La rutina denota hábito adquirido, costumbre de hacer las cosas sin necesidad de pensar en ellas. Siguiendo este significado, entonces los policías nuestros trabajan sin pensar cuando se apuestan en las calles a pedir licencias de conducir y boletas de revisión, - lo que más hacen -, y aseguran que es un operativo de 'rutina'. Andan mal con esa afirmación porque el trabajo es una actividad consciente del hommo sapiens. Este inapropiado uso se debe al traslape semántico que se da en la informática con la palabra rutina: 'Secuencia invariable de instrucciones que forma parte de un programa y se puede utilizar repetidamente'.

    Rutina no significa costumbre, son conceptos afines. Poner un arbolito en Navidad es una costumbre en mi casa, pero cada año lo decoramos diferente para que luzca mejor. Tengo la costumbre de leer mientras estoy en el baño. Lo del árbol navideño y mis lecturas implican hechos conscientes porque en ambos casos analizo lo que hago; no son actos 'rutinarios'. La Policía hace los operativos de costumbre; los médicos ordenan hacer los exámenes de costumbre. Sería peligroso que por rutina el doctor me diera medicina para controlar mi diabetes.