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La inflación baja golpea a unos y beneficia a otros en Europa

  • Actualizado: 04 noviembre 2014 /

A una tasa anual de 0,4%, la in­flación de la zona euro es mucho menor que la meta del Banco Cen­tral Europeo de cerca de 2%.

Nueva York, Estados Unidos.

La inflación ultrabaja que se arraiga en Europa se está mani­festando de formas sorprendente­mente diferentes a lo largo de las 18 economías de la zona euro.

En países golpeados por la crisis como Grecia y España, los efectos negativos de una caída de los precios, conocida como defla­ción, se evidencian claramente en ganancias y sueldos más bajos conforme las empresas intentan adaptarse. Sin embargo, en eco­nomías más saludables como Ale­mania y Austria, donde el desem­pleo es bajo y los ingresos suben, la consecuencia más obvia es un mayor poder adquisitivo de los consumidores.

A una tasa anual de 0,4%, la in­flación de la zona euro es mucho menor que la meta del Banco Cen­tral Europeo de cerca de 2%. Un sondeo de gerentes de compras publicado esta semana mostró que los fabricantes estaban re­duciendo sus precios por segun­do mes consecutivo. El martes, la Comisión Europea proyectó que la inflación de la zona euro segui­rá por debajo de la meta hasta por lo menos 2016. Además, redujo su previsión de crecimiento del Producto Interno Bruto este año a 0,8%, frente al 1,2% que vaticinó hace unos meses, debido a una fal­ta de inversión interna y tensio­nes políticas en Ucrania y Medio Oriente. En 2015, la expansión se mantendría baja, en 1,1%, frente al 1,7% pronosticado antes. En 2016, subiría a 1,7%.

El BCE se reúne el jueves y los analistas prevén que el banco cen­tral se abstendrá de implementar más estímulos, pero que manten­drá la puerta abierta a medidas radicales como compras de bonos soberanos. Funcionarios han indi­cado que prefieren esperar a que medidas recientes como las re­ducciones de la tasa de interés, los préstamos a bancos y las compras de deuda privada surtan efecto antes de dar nuevos pasos.

El daño es evidente en Espa­ña, donde las empresas buscan reducir costos para restaurar su competitividad e impulsar las ex­portaciones, y los precios al con­sumidor han caído en términos anuales por cuatro meses conse­cutivos. Los salarios de muchos trabajadores se han estancado o incluso han disminuido última­mente, lo que supone una carga extra sobre los hogares con pro­blemas financieros.

Desde el año pasado, María José Odriozola, una empleada de 51 años en un centro de baños ter­males en Cestona, en el norte de España, lidia con una reducción de 200 euros (US$250) de su sa­lario mensual tras un recorte de costos de su empleador. Obligada a reexaminar sus gastos, su fami­lia ya no come en restaurantes y compra solamente lo básico para la cocina. Sus dos hijos han dejado de tomar clases privadas de mú­sica y baile.

Como se ha vuelto común en España, la familia ha recurrido a sus ahorros para pagar sus deu­das: una hipoteca y un préstamo que sacaron para hacer reparacio­nes en la casa, gastos mensuales fijos en momentos en que los in­gresos de la familia han dismi­nuido.

“Incluso cuando tienes mu­cho cuidado es difícil llegar a fin de mes”, dice Odriozola.
En Italia, la baja inflación y una economía en contracción ha­cen difícil para el gobierno evitar que la deuda nacional se eleve en relación al PIB, a pesar de años de políticas de austeridad fiscal. La deuda de 2,2 billones de euros de Italia ya representa cerca de 132% del PIB, y sigue aumentando.

La pregunta de si Roma podrá reducir esa relación alarmante dependerá en gran parte del PIB nominal—el valor en euros de todos los bienes y servicios que produce el país—, que, a su vez, depende de la inflación y el creci­miento. Elevar ambos es tan im­portante para la solvencia a largo plazo de Italia como su disciplina fiscal, dicen los economistas.

El gobierno italiano ha pro­metido reformar la economía para apuntalar el crecimien­to. Sin embargo, el ministro de Economía, Pier Carlo Padoan, dijo en una reciente entrevista que no podía “hacer mucho so­bre los precios”.

Señaló que le preocuparía “si la tendencia hacia cambios de precios negativos no se revier­te” a una tasa de inflación más normal.

En Alemania, en cambio, don­de las compañías son más salu­dables, el principal impacto de la debilidad de los precios ha sido un beneficio para los consumi­dores.

“La baja inflación siempre es muy positiva para mí como con­sumidor”, dice Jürgen Seeber, de 61 años, quien encabeza el con­sejo de trabajadores en la planta en Darmstadt de Horiba, un fabri­cante japonés de instrumentos y maquinaria especializada.
“Si me dan un aumento, que es algo que preveo, y la inflación sigue baja, entonces tendré más dinero para gastar”, explica. See­ber se opone a la política de ta­sas de interés ultrabajas del BCE, que ha deprimido los intereses de los depósitos bancarios. “A las personas comunes y corrientes no les conviene ahorrar en este momento”.

La tasa de inflación de 0,7% de Alemania es casi el doble que el promedio de la zona euro, aunque aún bastante más baja que la meta del BCE.

Jochen Ruths, copropietario de un minorista de ropa de pro­piedad familiar y con un siglo de historia en Friedberg, dice que está dedicándoles más espacio en el establecimiento a los artículos más baratos y que incluso ha re­ducido precios. Cuenta que gana alrededor de 5 euros menos por producto que hace un año, pero que un mayor volumen de ventas compensa eso.

Ruths agrega que ha tenido peores problemas en el pasado cuando la inflación era alta o ha­bía una aguda recesión, “cuan­do no había nada que se pudiera vender”.