En tres años, la situación del maíz en casi toda América Latina ha pasado de un extremo a otro.
En 2003, el debate se centraba en la caída de los precios internacionales en más de un 70 por ciento y en la vulnerabilidad de los productores. Hoy se discute lo contrario: el incremento exponencial de los precios globales y las repercusiones sobre el precio de la tortilla. Hace tres años, el culpable era el TLC de Norteamérica y la eventual liberalización del mercado del maíz. Hoy, los críticos apuntan a la creciente demanda para producir etanol.
En octubre de 2006, el bushel -poco más de medio quintal- pasó de 2.10 dólares a 4. Según Ricardo Celma, director para México y América Central del U.S. Grains Council, 'nadie esperaba que el mercado se comportara a la inversa de las proyecciones'. Las conclusiones le atribuyeron toda la culpa al biocombustible.
Otros factores
El etanol es apenas una parte de la explicación. Cuando se disparó el precio, 'el aumento en la demanda de maíz se acompañó de una caída en las expectativas de producción en EUA, factores climáticos adversos y rendimientos por hectárea inferiores a lo inicialmente proyectado', señala.
Para Ryan Davies, de la firma Titan Commodities, en San Diego, el fenómeno no es extraño. De hecho, en 1996 el precio del grano alcanzó niveles similares y, según la Asociación de Productores de Maíz de Estados Unidos, Ncga, en los últimos 25 años el promedio de precios ha superado los 3.10 dólares en tres ocasiones.
Hipo del mercado
Otros factores que incidieron en el escenario actual fueron la caída de la producción de trigo de Australia y la medida que tomó el gobierno argentino en noviembre de suspender las exportaciones de maíz para asegurar la oferta local. 'Aunque es probable que los precios se mantengan en un nivel alto, esto podría ser sólo un hipo del mercado', apunta Davies.
La pregunta es cuán prolongado será este hipo y hasta qué punto podrá la industria del maíz satisfacer los requerimientos para alimento y combustible, especialmente ahora que el consumo de Asia se ha expandido rápidamente, superando récords históricos. 'China, que hasta hace poco era el principal exportador de maíz, se está convirtiendo en un importador', detalla Dan Basse, presidente de AgResource, en Chicago.
Ante estas circunstancias, la pregunta es aún más crítica para países en desarrollo que son importadores netos de maíz y petróleo. En México, Honduras o Guatemala, por ejemplo, donde el grano es parte esencial de la dieta, el precio de la tortilla ha subido en los últimos cinco años. Al aumento en la demanda se suma la reducción de las áreas cultivadas en el Pacífico y la tarifa arancelaria del 20 por ciento que pesa sobre las importaciones.
La balanza
En cuanto a la alimentación, 'también es necesario considerar que la tortilla no es un producto genérico, sino uno terminado', explica Sigfrido Lee, viceministro de Economía de Guatemala. 'Por lo mismo, el precio de la energía eléctrica y el gas podrían estar incidiendo mucho más que el precio del maíz'. Y en ese caso, concentrarse en el desarrollo de la industria del etanol localmente no parecería tan mala idea.
Aun así, el discurso que prevalece en la región apunta en otra dirección. A mediados de marzo pasado, la premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, dijo que se debía fortalecer el consumo del maíz 'como parte plena de nuestra dignidad nacional'. Si ese mito se traduce en más controles de precios, será muy difícil que el mercado logre finalmente darle la vuelta a la tortilla.
Soluciones
- El atractivo precio del maíz motivará una mayor siembra mundial que causará un incremento en la oferta.
- El alza sostenida en los precios del maíz afecta a los productores de etanol que han visto una merma en su cotización en bolsa.