Oswaldo Sánchez, el arquero de la selección de México, afronta una acusación de delito menor por alteración del orden público y resistirse a la Policía tras protagonizar un incidente en un hotel del centro de Chicago.
La Policía confirmó el martes que a Sánchez se le pidió irse del hotel Westin Michigan Avenue, en la madrugada del lunes, tras la victoria de México 4-0 sobre Perú en amistoso, y se negó. El hotel llamó a la Policía, que detuvo a Sánchez cuando el golero se resistió a marcharse.
Al llegar a Ciudad de México, Sánchez explicó a la prensa que sus compañeros escuchaban música en su habitación y que no bajaron el volumen cuando empleados del hotel se lo pidieron.
Sánchez relató que la Policía llegó y trató de calmar las cosas, pero lo detuvieron a él y le rociaron con gas lacrimógeno. La Policía de Chicago emplea gas pimienta.
'Parece que la gente de seguridad había ido dos veces a esa habitación a pedir que le bajaran a la música, y cometimos el error de no bajarle, y a la tercera llegó la Policía', dijo Sánchez.
'Salgo al pasillo y trato de calmar la situación buscando que no se lleven a ninguno de mis compañeros para defenderlos, y resulta que me agarran a mí como un delincuente', añadió. El todavía director técnico de México, Jesús Ramírez, defendió a su capitán asegurando que 'tiene mucha experiencia, sabe lo que hace, es un señor, tanto dentro como fuera de la cancha'.
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Según Univisión Radio y Telemundo, Sánchez tuvo que pagar una fianza de mil dólares y deberá presentarse el 12 de julio ante una corte estadounidense si bien, por ser calificados los hechos como delito menor, no corre riesgo de ser encarcelado.