“Agradezco a toda mi familia que me organizó esta fiesta. Me siento muy feliz de haber cumplido cien años, que he logrado con la fe en Dios. Con el apoyo de toda mi descendencia se logró que se llevará a cabo esta reunión”, dijo emocionada pero con su voz pausada María Tomasa Rosales de Sauceda, quien celebró ayer un siglo de vida en una enorme fiesta familiar.
La enfermedad que la ha tenido convaleciente hizo que nunca se imaginara la gran fiesta de cumpleaños que le preparaban.
La fiesta tuvo lugar en Sonaguera, Colón, en la finca Guaymura propiedad de su hijo Luciano Sauceda, quien ya falleció.
El festejo congregó a sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos que suman un total de 291 descendientes.
La cumpleañera llegó al evento acompañada de algunos nietos que se encargaron de hacer placentero su viaje hasta la finca. La fiesta fue organizada por su nieto, el reconocido comisario de policía Leonel Sauceda; este comentó que desde hace siete años le prometió a su abuela hacerle una reunión con la presencia de los medios de comunicación.
Durante la reunión se ofreció una oración de gracias dirigida por su nieto Leonel. También es abuela de dos oficiales de policía más: Nelvin y Bayron Sauceda.
Día de alegría
María Tomasa nació en la aldea del Coyolar del municipio de San Esteban, Olancho, el 19 de septiembre de 1911.
Casada con Porfirio Sauceda procreó doce hijos, de los que tres murieron pequeños. Con su amado crió a los otro nueve hijos, pero ya adultos murieron tres. Le sobreviven seis.
En 1964 se trasladó con su familia a Sonaguera, Colón, adonde residen desde hace más de 40 años.
Desde joven quedó viuda, por lo que tuvo que mantener a sus hijos trabajando la tierra para poderlos educar.
En la entrevista que concedió a Diario LA PRENSA dijo que uno de los secretos para vivir cien años es saberse cuidar y tener una vida ordenada.
“Muchas veces cuando se es joven uno se cree de hierro, pero las cosas no son así, por ello la gente no dura más de 50 años”, expresó. Su hijo mayor, Tomás Sauceda, dirigió las palabras de bienvenida a los asistentes y relató los esfuerzos que hizo su madre para lograr educarlos.
“A mis 80 años me siento feliz porque Dios me ha dado este gran regalo de estar con mi madre, porque no todos tienen esa dicha tener a su mamá”, dijo Tomás, orgulloso de ser el primogénito de la familia.
La festejada recibió la visita de su sobrina Reina Rosales, de 86 años, quien llegó desde Olancho para compartir junto a la familia.