La mañana del martes 16 de junio comenzó como cualquier otra para Jasson Reyes, un voluntario de la Cruz Roja en Chamelecón, que nunca imaginó que minutos después tendría que enfrentar una carrera contra reloj para traer una nueva vida al mundo.
Apenas había llegado a la oficina de la institución cuando una mujer ingresó apresurada en busca de ayuda. Con evidente desesperación, solicitó una ambulancia para trasladar a su hija embarazada al hospital. Sin embargo, la única unidad disponible en la zona había salido minutos antes a atender otra emergencia.
La preocupación en el rostro de la mujer dejaba claro que el nacimiento podía ocurrir en cualquier momento, por lo que Reyes tomó un botiquín de emergencia, una bata y salió apresurado junto a una compañera, Gabriela Carranza, para asistir a la futura madre.
Al llegar a la vivienda, Reyes se encontró con una escena que confirmó la urgencia del caso. La joven estaba en una fase avanzada del trabajo de parto y ya no era posible esperar una ambulancia.
“Cuando entramos escuchamos un grito agonizante que nos preocupó y pensamos que el bebé ya había nacido, pero al entrar al cuarto vimos que todavía estaba con contracciones”, recordó.
El voluntario, de 30 años, relató que la situación se complicó un poco porque la madre, asustada, intentaba contener el avance del parto cerrando las piernas, debido al miedo de que algo pudiera salir mal si no lograba llegar a tiempo a un centro asistencial.
Mientras se colocaba los guantes y la bata, Reyes comenzó a tranquilizarla. Le explicó que tendría que dar a luz en casa, ya que si esperaban más tiempo la vida de ambas podría correr peligro. Así que le indicó cómo respirar y cuándo pujar para facilitar el nacimiento.
Minutos después, la bebé nació, pero no lloraba y presentaba signos de cianosis, una coloración azulada o morada asociada a la falta de oxígeno, por lo que Reyes tuvo que actuar de inmediato para estimular su respiración y lograr que se estabilizara.
El joven realizó maniobras de estimulación para ayudar a la recién nacida a respirar. Fueron segundos de incertidumbre para la familia, pero finalmente la bebé respondió con su primer llanto, una señal de que sus pulmones comenzaban a funcionar adecuadamente, y poco a poco fue recuperando su coloración.
Con la niña ya estable, el voluntario continuó atendiendo a la madre mientras esperaban apoyo para el traslado. Poco después llegó una ambulancia del Sistema Nacional de Emergencias 911, que trasladó a ambas al hospital para recibir atención médica especializada.
Consultado sobre cómo logró mantener la calma y asistir el parto, Reyes explicó que forma parte de la Cruz Roja desde hace más de una década y recientemente concluyó su licenciatura en Enfermería en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah), campus Cortés.
Una formación que le permitió afrontar con seguridad una situación que para muchos habría resultado abrumadora. “Solo estaba haciendo mi trabajo, traté de apoyar en lo que podía”, expresó con humildad.
También compartió que su interés por la atención materna surgió durante sus prácticas en el área de ginecología y obstetricia del Hospital Mario Catarino Rivas. Desde entonces, sueña con especializarse en esa rama.
A su vez, reveló que no era la primera vez que ayudaba a traer una vida al mundo, pues durante su formación participó en varios nacimientos dentro del ámbito hospitalario y, hace dos años, atendió otro parto de emergencia a bordo de una ambulancia.
Tras casi 13 años de voluntariado en la Cruz Roja, asegura que pocas experiencias le han generado tanta satisfacción como poder poner sus conocimientos al servicio de los demás y ver a la recién nacida que ayudó a nacer el martes recuperarse y escuchar su primer llanto.
Mientras espera recibir oficialmente su título universitario en la próxima ceremonia de graduación de la Unah-Cortés, continúa sirviendo a la comunidad de Chamelecón y colaborando con el proyecto HIP/Salud, convencido de que ayudar a otros sigue siendo la razón que lo llevó a elegir tanto el voluntariado como la enfermería.