La campana sonó este viernes en la consulta externa de oncología del hospital Mario Catarino Rivas, celebrando con cada repique que el pequeño Orlin Gabriel Díaz, de 6 años, logró sobrevivir al cáncer.
Acompañado de su familia, que viajó en caravana desde Tocoa, Colón, el niño se mostró feliz portando una camisa con un versículo muy especial, filipenses 4:13, llenando de alegría y esperanza la sala.
Sus padres, María José Álvarez y Orlin Díaz, compartieron con Diario LA PRENSA este momento especial, en el que agradecieron a Dios y al personal médico, luego de cinco años de lucha e incertidumbre.
De ojos brillantes y sonrisa cálida, Orlin Gabriel fue diagnosticado con cáncer cuando apenas tenía tres meses, un teratoma de grado inmaduro dos, un tumor poco común, que convirtió sus primeros meses de vida en una prueba difícil para toda su familia.
“Era un bebé soñado, anhelado, y la noticia no la esperábamos. Creo que es la peor noticia que uno como padre pueden recibir”, recordó María José, al relatar el momento en que confirmaron el diagnóstico.
A esa edad recibió tres ciclos de quimioterapia y al cumplir seis meses fue sometido a una cirugía para extirpar el tumor. Desde entonces, la familia inició el proceso de controles médicos periódicos para monitorear su salud y asegurar que la enfermedad no regresara.
Durante cinco años, sus padres viajaron desde Tocoa hasta San Pedro Sula para acudir a las consultas, con la fe de recibir buenas noticias, pero también con una mezcla de incertidumbre cada vez que le realizaban nuevos estudios médicos.
“Cada cita veníamos con esa expectativa de qué va a pasar en los resultados. A veces era como una pesadilla, económicamente porque nos tocaba viajar, físicamente y mentalmente, pero gracias a Dios llegamos hasta este momento”, expresó Orlin Díaz, padre del menor.
La familia jugó un rol muy importante. Abuelos, tíos, primos e incluso miembros de su iglesia los acompañaron en este camino de distintas maneras, sosteniendo a los padres en oración y apoyando en lo que les fuera posible, hasta llegar a la consulta de este viernes.
“Tenemos cinco años en este proceso, pero hoy, gracias a Dios, estamos celebrando que es sobreviviente de cáncer”, dijo María José, quien también expresó su gratitud con la Fundación Hondureña para el Niño con Cáncer por todo el apoyo que brinda a las familias que están luchando contra una enfermedad tan difícil como el cáncer.
La noticia de que Orlin Gabriel culminó su ciclo de seguimiento y fue declarado sobreviviente de cáncer, llenó de alegría a la familia, que decidió celebrar el momento con camisas alusivas a la batalla que enfrentaron y el mensaje "juntos vencimos el cáncer".
También compartieron un pastel con el personal médico y las personas que se encontraban en el lugar. Entre abrazos, fotografías y lágrimas de alegría, el niño tocó la campana, dejando atrás una etapa marcada por tratamientos, viajes, exámenes y una larga espera.
Hoy, aquel bebé que comenzó a luchar contra el cáncer a los tres meses de nacido cursa primer grado y crece rodeado del amor de una familia que no dejó de acompañarlo en cada consulta, en cada resultado y en cada momento de incertidumbre.
Sus padres aseguran que la fe en Dios fue fundamental para mantenerse firmes cuando el panorama parecía más difícil. “Nada de esto hubiera sido posible si Dios no nos hubiera ayudado. Sabemos que Dios lo sanó y seguimos las citas de control como se nos indicó, pero sabíamos que Dios ya había hecho el milagro”, dijo su padre.
Ambos agradecieron también el apoyo del personal de salud del hospital Mario Rivas, especialmente a las doctoras Roxana Martínez y la doctora Altamirano, a quien consideran una luz en medio de un camino que al principio parecía desolador.
"Los diagnósticos estaban bastante contrarios y nos decían que él ya estaba desahuciado, sin embargo Dios usó a las doctoras. Ellas hicieron todo lo posible por estabilizarlo, Dios les dio la sabiduría y gracias a Dios estamos aquí”, agregó María José.
Para la familia Díaz Álvarez, el sonido de la campana no borra los años de angustia, los viajes desde Tocoa ni el temor que acompañó cada cita, pero sí representa un rayo de esperanza y un testimonio de fe para quienes nunca dejaron de creer.