Sus manos temblaban tanto que no podía llevarse el vaso vacío a la boca. Sentada en la única silla que quedaba en la casa, Alicia Sandoval imploraba por un trago. A su lado, su hija menor lloraba y le suplicaba que no tomara más.
“Mamá, por favor, ya no más, no bebas más”. Había pasado 18 días ebria, pero a la mujer de 43 años todavía le quedaban fuerzas para abalanzarse sobre su hija y herirle la cara. Esa noche de junio sintió que tocó fondo.
Sus hijos la bajaron de un taxi y, casi arrastrada, la llevaron a la Unidad de Desintoxicación Alcohólica del hospital Leonardo Martínez, única en la ciudad. Entró gritando y pataleando. Doce horas después se despertó en un cuarto impregnado del olor desagradable que deja la mezcla de medicamentos usados para calmar sus nervios.
A su lado, otras personas en similares condiciones dormían bajo los efectos de los sedantes. Eran hombres, también enfermos alcohólicos. En ocho años, la historia se repitió cinco veces. Todo era un motivo para empinar el codo, tanto la adversidad como la prosperidad terminaban en borrachera.
Mamá de cinco hijos, separada y con su madre enferma, emigró a Estados Unidos, donde encontró un trabajo como babysitter.
Todo marchaba bien. Sus ganancias le permitieron adquirir bienes en Honduras y educar a sus hijos.
Una noche, el timbre del teléfono la sobresaltó y recibió la terrible noticia de que su madre había muerto. La depresión la llevó a buscar refugio en un trago de whisky, sin imaginarse que ese era el principio de su cruel enfermedad.
Durante años tomó hasta perder la cuenta. No podía controlar las borracheras. Perdió su trabajo de niñera. Un salvoconducto y el pensamiento de que en su país podía beber sin que nada le pasara la trajeron de regreso a casa. Además, pensaba Alicia, podría cuidar a sus hijos.
En 1997, a los 36 años de edad, llegó a Honduras para manejar un restaurante. Las borracheras fueron más frecuentes y poco a poco fue perdiendo el control. No recuerda las veces que vio llorar a sus hijos ni las que se cayó en las calles de Choloma.
La primera ocasión en que estuvo en la Unidad de Desintoxicación del hospital Leonardo Martínez (a la que llegan entre tres y cuatro mujeres cada semana) permaneció ocho días, pero, con la justificación de no haber visto morir ni haber enterrado a su madre, volvió a tomar.
La tercera vez que sus hijos la llevaron se recuperó y salió para buscar ayuda en Alcohólicos Anónimos, una comunidad de recuperación que tiene 118 centros en Cortés, de los que 21 están en San Pedro Sula. Según la literatura de dicha asociación, sus miembros son “hombres y mujeres que comparten su mutua experiencia, fortaleza y esperanza para resolver su problema común y ayudar a otros a recuperarse del alcoholismo”.
Alicia confiesa que no le gustaron las reuniones de Alcohólicos Anónimos. La mujer volvió a embriagarse y hubo un cuarto internamiento. En esa ocasión llegó con un pie fracturado y una úlcera que la empezaba a desangrar. Fueron 10 días de hospitalización en la sala de desintoxicación y el doble en el hospital Mario Rivas.
Recuerda que le operaron el pie. Esos días fueron dolorosos. Su enfermedad se agudizó. Su familia estaba cansada de rogarle que dejara de beber y de rescatarla de los problemas que le ocasionaba su alcoholismo. Sus hijos estaban perdiendo la paciencia y las amistades se alejaban.
En el momento más crítico de su enfermedad, lo perdió todo. Incluso empeñó las sillas de su casa para comprar aguardiente. Ya ni recuerda lo que consumió. “Tomé de todo”, dice.
Comenzaba a ser un problema para todos. “Ya no valía nada. Allí deje de ser doña Alicia; me convertí en un estorbo y se avergonzaban de mí”.
En su último internamiento llegó en condiciones lamentables después de herir a su hija en la cara. La doctora Eva Espinal, del Leonardo Martínez, salió a su encuentro y le dijo: “No más, Alicia, no más”. Permaneció 15 días en el hospital y allí, en medio del arrepentimiento, se prometió que se abstendría de tomar alcohol.
Hoy, a pesar de sus nueve años de abstención, cada día sigue siendo un reto para Alicia. La mayor prueba que ha superado fue un tumor que le detectaron hace un año. Decayó anímicamente, pero no se refugió en el alcohol. “Antes de decidir operarme acepté a Jesús y esa fortaleza me ha mantenido firme”.
Los años de locura terminaron. Hoy, sentada en el corredor de su casa, cuenta su historia rodeada de cinco hijos, 15 nietos y tres bisnietos.
“Hoy soy doña Alicia de nuevo”.
Preguntas que solo usted puede contestar
1. ¿Ha tratado alguna vez de no beber una semana o más?
2. ¿Lo molestan los consejos de otras personas que han tratado de convencerlo de que deje de beber?
3. ¿Ha tratado alguna vez de controlarse cambiando de una clase de bebida a otra?
4. ¿Ha bebido alguna vez por la mañana durante el último año?
5. ¿Envidia usted a las personas que pueden beber sin que les ocasione dificultades?
6. ¿Ha empeorado progresivamente su problema con la bebida durante el último año?
7. ¿Ha ocasionado su modalidad de beber problemas en su hogar?
8. ¿En reuniones sociales donde la bebida es controlada, usted trata de conseguir tragos extras?
9. ¿A pesar de ser evidente que no puede controlarse, ha continuado afirmando que puede dejar de beber por sí solo cuando quiera hacerlo?
10. ¿Ha faltado a su trabajo durante el último año a causa de la bebida?
11. ¿Ha tenido alguna vez “lagunas mentales” (te olvidas de lo que hiciste) a causa de la bebida?
12. ¿Ha pensado alguna vez que podría tener más éxito en la vida si no bebiera?
*Si usted contestó “sí” a más de cuatro preguntas, hay las posibilidades de que tenga un problema con el alcohol o que lo tendrá en un futuro cercano.
Grupos de Alcohólicos Anónimos en San Pedro Sula
Nuestro Bienestar 3 y 4 calles, 5 avenida, barrio Guamilito
Esperanza, 20 calle, 8 y 9 avenidas, barrio Las Palmas
Mister Eddy, 6 y 7 calles,
3 avenida, barrio Concepción
Recuperación La Fe, 12 calle, 13 y 14 avenidas, barrio Cabañas
Cuarta Tradición, 31 y 32 calles, 9 avenida, colonia La Unión
Quinta Tradición, zona 2, centro cívico de la colonia Fesitranh
Acción, 2 calle, 9 avenida, barrio Santa Anita
12 Pasos, 20 calle, 14 y 15 avenidas, barrio Cabañitas Gracias a Dios, calle
principal, col. Gracias a Dios
Nuevo Renacer, 6 calle, 9 avenida, barrio Concepción
Fénix, 2 calle, 8 y 9 avenidas, barrio Guamilito
Una Luz en Las Ayestas, colonia Las Ayestas, calle principal
Crecimiento y Fortaleza, 9 calle, 2 y 3 avenidas, barrio Barandillas
Tercera Tradición, 10 calle, 5 y 6 avenidas, barrio Lempira
Amor y Triunfo, 10 calle, 3 y 4 avenidas, Plaza Libertad
Akron, 11 y 12 calles, 14 y 15 avenidas. pasaje Atlántida, barrio Cabañas