Más de 300 mil personas utilizan el transporte público urbano en la capital industrial y alrededores, según estadísticas de los transportistas.
Me subí a las rutas 1, 2 y 7, y constaté que la 2 es la que tiene el recorrido más largo: 38 kilómetros.
Desde El Polvorín, en la 33 calle sureste, hasta la colonia Trejo, en la 24 avenida, en total, esta ruta transita por 16 barrios y colonias en 2 horas 45 minutos.
Son las ocho de la mañana y la unidad, que a pesar de tener alguno que otro asiento roto se encuentra en buen estado, recorre del sector Satélite a la San Carlos de Sula, pasa por uno de los colegios insignes de la ciudad: el José Trinidad Reyes.
La 2 es la única que llega al Reyes, por lo que miles de estudiantes son sus pasajeros.
Del barrio Cabañas sigue para Medina, de ahí recorre la 6 avenida hasta la 7 calle. En esa zona, aseguran los motoristas de las unidades, han sufrido más asaltos.
A pesar de que el asalto a buses es un delito con altas estadísticas, las autoridades no lo pueden controlar. No hay seguridad. Los pasajeros se suben esperando que ese día no ocurra uno. A diario registran hasta tres asaltos a unidades. La medida de envíar militares en los buses solo duró unas semanas, los pobladores siguen desprotegidos.
Paradas no autorizadas
A lo largo de la 7 calle, en la zona de los mercados, la Ruta 2 no respeta las paradas.
Los buses paran abruptamente donde el usuario le haga señal al chofer, sin importar paralizar el mar de vehículos, cuyos conductores impacientes tocan las bocinas.
Antes de la 4 avenida, entre el ronroneo de los motores y la plática de los pasajeros, el motorista frena bruscamente para recoger un señor de la tercera edad en una parada no autorizada.
Un ayudante le toma las bolsas con alimentos que recién compró en el mercado y se las lleva hasta el lugar donde un joven le cede el puesto. El anciano paga con un billete de 20 lempiras y le devuelven 14, le dieron el descuento de la tercera edad.
Y aunque las paradas están señaladas, el motorista hace caso omiso a esa ordenanza.
La Ruta 2 es la única que sube y baja el bulevar Morazán. A media mañana, el flujo de pasajeros en el noroeste de la ciudad es casi el 40% menor que el del sureste.
Es de destacar que los buses amarillos no disputan rutas, solamente los rapiditos; sin embargo, los conductores arrancan sin esperar que los pasajeros se sienten. Lo que obliga muchas veces a agarrarse unos con otros para no perder el equilibrio.
Leonel Mejía viaja todos los días en la Ruta 2. Al comentarle sobre las condiciones de viajar en transporte público, dice que lo que no le gusta es cuando la unidad se llena demasiado.
Hay que ir apretados expuestos a cualquier cosa. “Por la necesidad que tenemos usamos estos buses, ya que solo estos pasan por el lugar donde trabajamos”, confiesa.
Las más de 200 unidades, entre rapiditos y buses, no son suficientes para la demanda de la Ruta 2. Alrededor de las siete de la mañana y las cinco de la tarde los buses urbanos circulan repletos de pasajeros, irrespetando la Ley de Tránsito.
El jefe metropolitano de Tránsito, Eduardo Turcios, asegura que hacen operativos en las zonas más conflictivas o de mayor afluencia de personas.
“Lo que no podemos controlar en los buses es el exceso de pasajeros, lo que incumple lo reglamentado y autorizado por Transporte del máximo de pasajeros que tienen que llevar”.
La Ruta 1 ocupa el segundo lugar en su recorrido. En total transita por 32 kilómetros desde la terminal de buses hasta la colonia Gracias a Dios, en las faldas de El Merendón, y viceversa. Recorre 13 barrios y colonias.
Hace las paradas correctas; sin embargo, el motorista maneja como si le persiguieran. Los pasajeros debemos agarrarnos como podamos.
Al subir atrás del estadio Morazán, el motorista baja su velocidad. Son las once de la mañana y el conductor planea estar en el centro de San Pedro Sula al mediodía, otra de las horas pico para el transporte.
La Ruta 7 recorre casi 16 barrios y colonias, desde El Polvorín hasta el hospital Mario Rivas.
Los estudiantes y choferes de la ruta aseguran, lamentablemente, que entre los pasajeros se “cuela” uno que otro delincuente que termina asaltando la unidad. “Nos asaltan una unidad día de por medio, ahora que comenzaron las clases nos asaltarán a diario. Eso ya lo tenemos comprobado”, pronosticó uno de los buseros que lleva años en este oficio.
Karla Villanueva, quien vive en la colonia Aurora, se sube en el punto de la Unah-vs.
También le pregunto sobre las condiciones del transporte público. “Hay veces que no utilizo el bus grande por temor a ser asaltada, cuando pasa por la 2 avenida, sector Medina, siento que un delincuente se subirá y atracará la unidad. Le ha pasado a mis familiares”.
Las pequeñas rutas
La Ruta 5 es una de las pequeñas, tiene 19 buses, pero hay 105 rapiditos. Esta sale de la terminal de buses hasta la colonia Fesitranh, recorriendo unas 10 colonias en 50 minutos.
La Ruta 4 ya no ofrece su servicio en buses, ahora solamente lo hacen con rapiditos. Empieza su marcha desde la colonia Las Brisas recorriendo unas 10 colonias; llega al centro de la ciudad pasando por los malls.
Es una de las rutas más pequeñas, su recorrido es de 45 minutos. Pero estas tampoco se salvan de los asaltos.