04/12/2022
10:13 PM

Más noticias

Desde hace 12 años penetró la criminalidad en el Mario Rivas

Médicos, pacientes y familiares dicen que el abandono del Gobierno empeoró la crisis en el centro asistencial de San Pedro Sula.

San Pedro Sula, Honduras.

La alarmante crisis del hospital Mario Rivas preocupa, pero eso no sorprende a los empleados administrativos ni médicos del centro.

Desde hace muchos años han tenido que sacar adelante las atenciones para los pacientes casi con las uñas y contra todo tipo de presiones, incluyendo la intimidación del crimen organizado, denunciado por las mismas autoridades de Salud.

En los pasillos del hospital se conoce la verdadera causa de la nefasta situación en que se encuentra; sin embargo, el temor de sufrir atentados criminales obliga a empleados y familias de pacientes que saben la causas de la barbarie a quedarse callados, ya que en lo que menos confían es que alguien pueda garantizarles seguridad. Una muestra de ello es que las denuncias llegan en el anonimato.

Abandono

“Desde hace 12 años, el crimen organizado metió sus tentáculos en el hospital. Los delincuentes se aprovecharon de la bajeza educativa de algunos guardias, camilleros y aseadoras para entrar a las salas de emergencias, nefrología e incluso pediatría a cambio de unos cuantos billetes.

Al final con la crisis administrativa que hemos tenido la corrupción poco a poco ha empeorado”, comentó una empleada del lugar que no quiso identificarse.

“Mientras cuidaba a mi madre en la sala de ortopedia del hospital pude ver cómo otra señora cuyos rasgos físicos la identificaban como indígena moría lentamente en la camilla en la que estaba”, comentó un sampedrano.

“Las enfermeras llegaban cada cinco horas y los medicamentos se los daban tarde. De repente, un viernes por la tarde y la noche, la mujer convulsionó y a pesar de que yo mismo fui a decirles a las enfermeras que la señora estaba grave, no se inmutaron. Murió y a los minutos llegaron las enfermeras asustadas al ver que la dama no reaccionaba”, siguió relatando.

“Lo triste fue en menos de cinco minutos llegaron los muchachos de la funeraria. Vestían ropas flojas y uno hasta andaba con un arma de fuego. Sus caras no eran nada agradables y los familiares, que parecían pueblerinos, les dieron todo el dinero que tenían para que les dieran un ataúd y un lugar donde enterrarla”.

Para las autoridades del hospital, esto no es un tema desconocido. Las denuncias escritas les llegan al departamento correspondiente y administrativamente hacen los llamados de atención que en la mayoría de ocasiones no logran terminar con el problema.

Hace cuatro años, el asunto empeoró, según la mayoría del personal. Cuando la empresa de seguridad empezó a incumplir el pago de los vigilantes, estos empezaron a preferir las dádivas de familiares y vendedores de féretros a tal grado de que era un “libre albedrío para todos”. A ellos se les sumaron los camilleros que terminaron siendo socios de los criminales que desconectan a los pacientes más graves e incluso buscaron en su momento traficar con las vidas de los menores. “Si este tema no se resuelve pronto, cualquiera va a venir a matar a otra persona. Muchos pacientes aseguran que parejas de mujeres y hombres entran con armas a observar bastante tiempo a los niños recién nacidos”, relató otro valiente trabajador del hospital que prefirió el anonimato.

Culpables

Pero para todos los afectados por la crisis en el hospital Mario Rivas, el principal culpable ni siquiera ha sido el “veneno del crimen organizado”, sino el abandono, según ellos, casi “a propósito” de las autoridades del Gobierno de Honduras que han permitido que todo el desabastecimiento se esté dando e incluso por no presionar a los responsables de la falta de pago de los exguardias.