San Pedro Sula, Honduras.
Un día como hoy, hace 24 años, monseñor Ángel Garachana Pérez fue ordenado obispo de la diócesis de San Pedro Sula.
Y él lo recuerda como si fuera ayer. “Fue una gran celebración eclesial, fue algo parecido a lo del Papa pero más pequeño”, dice sonriendo.
Pudo ordenarse en su natal España, en Roma o donde él quisiera, pero decidió hacerlo en la Ciudad de los Zorzales, su diócesis, que lo acogió desde la primera vez que llegó como misionero.
| Avance
La diócesis tiene 33 parroquias en diferentes puntos de la ciudad, pero se necesitan más. Además, urgen más sacerdotes.
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| En la gráfica, cuando llegó a la ciudad a los 28 años de edad y en su trabajo en la diócesis.
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Tenía 28 años cuando arribó a San Pedro Sula como misionero realizando un trabajo excepcional en la parroquia de la Guadalupe.
Tres años después, en 1975, fue a su país de vacaciones, y cuando alistaba sus maletas para retornar a su misión en Honduras, sus superiores le informaron que se debía quedar en España como formador de los seminaristas claretianos. Confiesa que fue una de las noticias que más le ha costado digerir porque quería retornar, pero debía obedecer. Pasaron 20 años, y el 19 de noviembre de 1994, con 50 años de edad, recibió la llamada del nuncio para decirle que tenía que regresar a San Pedro, pues lo habían nombrado obispo.
Respondió que no, porque era algo bien serio que cambiaba por completo su vida. Le dieron un fin de semana para pensarlo, buscó consejo y aceptó.
Fue así que el 30 de noviembre se hizo público el nombramiento, pero su ordenación fue el 3 de febrero de 1995.
El nuncio le dijo, puede ordenarse en Roma el 6 de enero, en España para que sus padres lo acompañen, pero su respuesta fue: “No, señor nuncio, mis estudios de teología y la eclesiología me dicen que debo ordenarme en la diócesis en donde he sido nombrado aunque mis padres no puedan asistir”.
| Este año cumple sus 75 años y presentará su renuncia ante el Papa.
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“Elegí el lugar y la fecha por ser día de la Virgen de Suyapa porque pertenezco a una congregación con gran espíritu mariano: Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María”, dice. Recuerda que le habló al ahora cardenal Óscar Rodríguez y le dijo que en la mañana celebraba en Suyapa, pero por la tarde presidiría la ordenación y así fue.
Su gusto por la sopa de gallina india nació al probar el primer sorbo en una de sus misiones por la diócesis, pero las tortillas de maíz, le dieron más trabajo.
Habían pasado más de 26 años desde que en San Pedro Sula se había ordenado un obispo, pues monseñor Jaime Brufau tuvo un episcopado largo, por lo que la venida de Garachana fue un hecho histórico. Se encontró sin un clero diocesano, por ello, una de sus prioridades fue conformar un clero, que actualmente ha crecido al punto que se ha erigido la nueva diócesis de La Ceiba y el número de sacerdotes es significativo, aunque confiesa que no llegan todavía al número que necesitan.
Han sido 24 años de experiencias. Monseñor se define como una persona que no toma decisiones precipitadas y, por ello, lo primero que hizo al llegar fue recorrer la diócesis para hacer su propio diagnóstico.
Así se formó su propia ruta de trabajo que resume en tres palabras: evangelización, comunión y justicia social. Años después el documento de Aparecida y los mensajes del papa Francisco le confirmaron que estaba en lo correcto. Este año cumple 75 de edad y presentará su renuncia como obispo al Santo Padre, pero mientras, seguirá evangelizando y liderando a su gente y los obispos de Honduras desde la Conferencia Episcopal.