Para cambiar de tema, el hombre sugirió hablar de sus ocupaciones. Él comentó que era abogado y que su esposa trabajaba en el ramo de la manufactura. Esto sorprendió a don Norman ya que ella no parecía corresponder al tipo industrial o ejecutivo. Así que preguntó: “¿y qué manufactura?”. “Infelicidad”, contestó él. “Manufactura su propia infelicidad”. El veterano predicador Charles Stanley compara nuestra actitud hacia la vida y nuestro trato hacia los demás con una cubeta. Él dice: “Imagínese que tiene una cubeta, y que todo lo que tiene dentro es para derramar sobre otras personas. ¿Qué habría en ella?”. Cada quien elige el modo en que enfrentará la vida y lo que le va a dar a los demás. En el caso de la historia anterior, la mujer decidió llenar su recipiente de infelicidad. Pero, ¿qué hay de usted? En su día a día, ¿qué actitud es la que evidencia más su personalidad? ¿Será optimismo, felicidad, agradecimiento; o negativismo, inconformidad y frustración? Pregúntese, además, ¿qué le está ofreciendo a las personas que le rodean? Nosotros decidimos si les brindamos cariño, respeto, comprensión o elogios. Pero también, si los empapamos de malos tratos, improperios, sarcasmos o desinterés.

Recordemos que, como bien dijo Jesús, con la misma medida con que midamos a los demás, se nos medirá a nosotros (Lucas 6:38). Lo que sembremos eso cosecharemos. Lo que demos, eso mismo se nos devolverá.

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