No es The Pitt, es el Rivas: “Que un paciente muera por falta de insumos duele, pero pasa”
Un médico que hizo su internado en el Hospital Mario Catarino Rivas narra cómo se vive un turno en la sala de emergencias: pacientes que llegan sin aviso, escasez de insumos, falta de personal y decisiones que se toman en minutos
- Actualizado: 06 de febrero de 2026 a las 23:00 /
San Pedro Sula, Honduras
Hay una serie en streaming que se ha vuelto tema de conversación entre médicos de Honduras y de muchos otros países: The Pitt. No es otra historia más ambientada en un hospital. Es, quizá, la producción que con mayor crudeza y realismo ha retratado lo que ocurre en una sala de emergencias cuando el caos se instala.
En foros como Reddit, decenas de profesionales de la salud coinciden en algo: la serie original de HBO/Max es la representación más cercana a la vida real que han visto en televisión. Sigue siendo ficción, claro, no un documental, pero su ritmo, sus protocolos y sus decisiones contrarreloj recuerdan demasiado a lo que ocurre puertas adentro de un hospital.
Cada temporada acompaña al personal de urgencias durante un turno de 15 horas en el ficticio Centro Médico de Trauma de Pittsburgh. Allí lidian con la presión constante, la escasez de personal y los problemas de financiamiento. Cada episodio cubre aproximadamente una hora de ese turno, como si el espectador caminara junto a ellos por los pasillos.
Pensar en “la fosa del Pitt” (como llaman los propios médicos de la serie a su sala de emergencias) y traer esa imagen a la realidad del Hospital Mario Catarino Rivas resulta inevitable.
Los propios médicos del principal centro asistencial del noroccidente de Honduras hacen ese ejercicio; y no porque los hospitales se parezcan, sino porque la serie muestra lo que podría ser, con más presupuesto y un sistema de salud más justo, moderno y equilibrado, el legendario Hospital Mario Rivas que entró en funciones en 1990.
The Pitt da cuenta de un sistema que funciona, que tiene recursos, que no deja a nadie morir por falta de un reactivo de laboratorio o por no tener gasas estériles para curar una herida.
Allí, más que comparación, lo que hay es una aspiración. Un recordatorio de cómo debería verse una unidad de emergencia hospitalaria cuando el sistema no está colapsado.
Un médico que conversó en condición de anonimato con LA PRENSA Premium y que realizó su intenado en este hospital nacional —que no es de trauma, pero que funciona como tal para todo el noroccidente del país— lo resume sin rodeos: “Uno estaría más tranquilo como médico o enfermera, si por ejemplo, se nos muere un paciente, pero hicimos todo lo humanamente posible y se disponía de todo, pero que se nos muera porque no había insumos o el personal necesario... duele, pero pasa.”.
Él nos contó cómo es el ir y venir en la emergencia del Rivas y, aunque cree que a un par de años después de su salida (finales de 2023), muchas cosas quizá han mejorado, hay situaciones que asegura dificilmente habrán podido cambiar.
En el Hospital Mario Rivas no hay puertas automáticas que se abran solas ni monitores que lo digan todo con un pitido. Aquí el triaje no siempre ocurre en segundos y las decisiones tampoco se toman con todos los insumos sobre la mesa. A veces se toman con lo que hay. O con lo que no hay.
Conocido popularmente como el Catarino, está ubicado en San Pedro Sula y es el principal centro asistencial público del noroccidente de Honduras y uno de los hospitales más grandes del país.
Depende de la Secretaría de Salud y funciona como hospital de referencia para Cortés y varios departamentos vecinos, por lo que atiende tanto casos regionales como pacientes remitidos desde zonas rurales y hospitales periféricos.
3.5
millones de personas
del noroccidente hondureño es la población de influencia del hospital Mario Rivas.
Fue inaugurado en 1990 y actualmente cuenta con alrededor de 598 camas censables distribuidas en 31 salas de hospitalización para distintas especialidades. A pesar de no ser un hospital de trauma, en la práctica asume una gran cantidad de emergencias complejas, lo que lo convierte en un punto neurálgico del sistema público.
Su capacidad instalada, pensada para la realidad sanitaria de hace más de tres décadas, hoy enfrenta una demanda mucho mayor a la prevista.
El hospital recibe miles de consultas y atenciones mensuales en emergencia, hospitalización y cirugía, lo que mantiene bajo presión constante áreas críticas como quirófanos, cuidados intensivos, laboratorio y banco de sangre.
Esa combinación entre alto volumen de pacientes, recursos limitados y una infraestructura envejecida ha hecho del Rivas un hospital indispensable, pero también un reflejo de las carencias estructurales del sistema de salud pública en Honduras.
Al médico que realizó su internado en el Mario Rivas y que se ha sumergido en la adrenalina que crea The Pitt, le llamaremos Enrique.
Él pidió omitir su nombre, pero accedió a contar lo que allí pasa cuando el propio hospital Mario Rivas, que se reconfigura muchas veces como un paciente más con traumas y dolencias, sobrevive día con día a su propios caos, a las tragedias y a sus necesidades.
En primera persona con "Enrique"
“Cuando uno está en el Mario Rivas, la mayor parte de los pacientes llega sin ser anunciada. Esa es una de las grandes diferencias con los hospitales de Estados Unidos. Allá hay un secretario que recibe las llamadas de los paramédicos y avisa qué tipo de paciente viene en camino. Así, el equipo se prepara antes de que llegue.
En el Rivas no hay nadie encargado de eso. Es más, ni teléfono hay en la sala. Nunca sabíamos qué iba a llegar durante el turno. De repente entraban baleados, macheteados... varios a la vez.
Cuando el paciente llega, lo primero es la admisión. Si viene solo, los de la ambulancia tienen que pasar por esa área para sacar la hoja del paciente, y eso cuando el paciente anda su documento. Si es un motociclista sin papeles, entra como desconocido. Se le pone un número de expediente y así se ingresa.
Luego se clasifica: prioridad 1, 2, 3 o 4. El triaje es por colores: rojo, amarillo, verde y azul. Cada uno indica el nivel de gravedad.
Pero si llega, por ejemplo, un herido de bala, lo primero que se revisa es que tenga la hoja de admisión. Sin esa hoja no se avanza.
En los primeros cinco minutos hay que hacerlo todo. Canalizar dos vías, una en cada brazo. Sacar exámenes: tipo y RH, hemograma completo, coagulación, porque ese paciente probablemente va para quirófano.
Después, el examen de orina, la sonda foley si se puede colocar, revisar si está consciente o inconsciente, asegurar la vía aérea, tomar signos vitales: presión, pulso, temperatura, frecuencia cardíaca, respiración. Todo eso en cinco minutos.
En paralelo se llenan las hojas de quirófano, la autorización, la solicitud de sala, todo a mano. También se pide sangre. Dos unidades.
Si no se sabe el tipo de sangre, se pide O negativo. Pero a veces no hay. No porque sea difícil de conseguir, sino porque es la más usada y se escasea. Entonces se manda la muestra para cruce y que el laboratorio determine el tipo.
Luego pasa por rayos X para ver el recorrido de la bala. Todo eso también en esos primeros minutos.
En la serie muestran un tiroteo donde entran más de cien heridos de golpe. A mí no me tocó algo así, pero el hospital sí ha tenido eventos grandes. Lo más que atendí fueron diez pacientes de un choque entre un camión y un bus lleno de migrantes en Ocotepeque. Pero el protocolo es el mismo: primero los más graves.
El problema son las limitantes
No todos los quirófanos están habilitados. En mi tiempo funcionaban entre ocho y diez. Solo uno es intocable: el de la sala de labor y parto. Ese está asignado 24/7 para cesáreas de emergencia. Ese no se negocia nunca. Lo peor que puede pasar en un hospital es una muerte materna.
Que se muera un baleado o un accidentado, nadie hace escándalo. Pero que se muera una embarazada, eso es imperdonable.
A veces no hay tubos de hemograma y toca mandar al familiar o a la Cruz Roja a comprarlos. A veces no hay papelería. A veces no hay bolsas para la orina. Muchas veces se acababa el yeso para enyesar pacientes.
Lo más común era no tener material de curación. No había gasas. Para limpiar o suturar heridas había que mandar a los familiares a comprar. Yo estuve ahí hasta finales de 2024 y eso era cosa de todos los días.
Hay cosas que han mejorado. Ahora hay tomógrafo. El doctor Javier Lagos Servellón creó el protocolo para accidentes cerebrovasculares. Tiene una sala de hemodinamia para infartos cerebrales.
Pero el mayor problema no es el personal que hay, sino el que no hay.
Un hospital sostenido por internos y residentes
En los turnos de cirugía a veces había hasta cien pacientes hospitalizados en la parte de atrás, no graves, y solo dos enfermeras para todos.
Uno les pedía ayuda para canalizar o sacar sangre y respondían: ‘Doctor, no le puedo ayudar’. Y no era mala voluntad. Es que eran dos enfermeras para más de cien pacientes.
Entonces todo lo que la enfermera no podía hacer lo hacía el médico interno. Por eso los internos y los residentes son la columna vertebral del hospital.
Si el Rivas no fuera hospital escuela, si no tuviera internos, médicos en servicio social y residentes, ese hospital hace años se hubiera caído.
“Los fines de semana la presión aumenta. Un sábado en la noche, en un turno tranquilo, pueden llegar entre 40 y 50 pacientes. Si está movido, entre 70 y 80.
En ortopedia, por ejemplo, en un turno nocturno hay un ortopeda, un médico general y un interno.
Dato
Cuéntenos su historia
En una sala de emergencias caben el miedo, la esperanza y la lucha por la vida. Allí se viven historias que marcan para siempre a pacientes, familiares y médicos. Si usted o alguien cercano ha pasado por una experiencia que merezca ser contada, queremos conocerla. Escríbanos a: jessica.figueroa@laprensa.hn
En la emergencia de cirugía, donde llegan los traumas, hay dos médicos generales, dos o tres residentes, un cirujano, un neurocirujano y los internos. A veces hay urólogo u otorrino de guardia.
En enfermería, adelante puede haber dos o tres auxiliares y una licenciada. Pero atrás, donde están más de cien pacientes, a veces solo hay dos enfermeras.
Ese ha sido un problema de toda la vida. Se han botado paredes, se han hecho ampliaciones, y ya no hay espacio. Lo ideal es construir otro hospital.
Lo curioso de The Pitt es que te muestra la emergencia hora por hora. Viéndola recordé muchas cosas que viví en el Rivas. Cosas que no se olvidan”.
Presión emocional
“Solo el que pasa por esa emergencia sabe las deficiencias con las que uno se enfrenta. A mí me frustró muchas veces no poder hacer más por un paciente.
Muchas veces al médico le toca darle dinero al familiar para que compre un tubo de hemograma. Una vez doné sangre para que un paciente pudiera operarse.
Cuando uno tiene que decirle a un familiar que vaya a comprar gasas o un tubo para sangre, se siente impotente. Porque uno sabe que si están en el Rivas es porque no tienen a dónde más ir.
Y lo peor es que un tubo vale dos o tres lempiras, pero afuera del hospital se los venden hasta en veinte.
Uno se siente mal. Pero ver tanta tragedia también te cambia. A veces te hace fuerte. Te hace pensar que, aunque te pase algo en lo personal, ya viste cosas peores.
En Honduras siempre ha habido emergencia en el sistema de salud. El problema es que no hay suficientes hospitales regionales.
Llega un paciente al hospital de El Progreso y no tienen espacio: lo mandan al Rivas. Llega uno a Puerto Cortés y no tienen material para operarlo: lo mandan al Rivas.
Entonces todos terminan cayendo en el Catarino.
Lo ideal sería abastecer bien esos hospitales regionales para que no tengan que estar refiriendo todo.
Los cambios deberían empezar de abajo hacia arriba: centros de salud, policlínicos, hospitales regionales. Que se terminen los nuevos hospitales, pero también que se abastezcan los pequeños”.
Al presidente Asfura le diría algo sencillo: que pregunte.
Que se reúna con las autoridades de cada hospital y les pregunte qué necesitan para funcionar mejor. Cada hospital sabe qué le hace falta.
Que hable con las licenciadas de enfermería, que son las mejores administradoras.
La emergencia en salud es real. La situación es pésima. Pero la salud es prioritaria.
Uno estaría más tranquilo si se muere un paciente después de haber hecho todo lo humanamente posible, con todos los recursos. Pero que se muera porque no había los insumos necesarios o el recurso humano para poder atenderlo de la mejor manera...duele, pero eso pasa”.
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