La toma de posesión de Nasry Juan Asfura Zablah (2026-2030), evidenció un cambio importante en la narrativa presidencial, al pasar de la movilización histórica y confrontativa de su antecesora, Xiomara Castro, a un discurso sobrio, conciso y orientado a la reconciliación política.
LA PRENSA Premium analizó la extensión, el tono, el contenido y la estructura de ambos mensajes, identificando diferencias en tiempo, densidad verbal, carga política, estilo de comunicación, elección de palabras y lenguaje corporal.
Frente al extenso y combativo mensaje de Castro de 2022, el presidente Asfura apostó por la brevedad, la sobriedad y una narrativa de conciliación y trabajo arduo que buscara marcar continuidad sin confrontación.
"Tenemos que ponernos a trabajar, trabajar con humildad y con el compromiso total que exige llevar soluciones reales a cada rincón de nuestra querida Honduras. El tiempo empezó a correr, no podemos perderlo. Tenemos que resolver problemas a la gente". expresó.
"La descentralización es trabajar con 298 alcaldes sin ningún distinto de color político. Trabajar con ellos para poder gobernar. Honduras es una gran familia que debe de respetarse trabajar unida por su futuro", agregó el gobernante.
Asfura habló durante 13 minutos y 24 segundos, mientras que el discurso de Castro se extendió por 44 minutos, una diferencia de tiempo, pero también de intención política y construcción del relato.
Respecto a la cantidad de palabras, pronunció un discurso de 1,093 palabras, frente a 2,460 palabras utilizadas por Castro en su intervención de hace cuatro años.
Aunque en su primer discurso ambos mandatarios coincidieron en priorizar la unidad nacional y sectores como educación, salud, seguridad y la lucha contra la corrupción, sus enfoques revelaron visiones distintas, pues mientras Castro prometió transformar el sistema, Asfura aseguró hacerlo funcionar con "trabajo".
Desde su primera frase —“Que Dios los bendiga”— Asfura se presentó con un estilo contenido y agradecido.
Vestido con traje discreto y corbata azul, su imagen reforzó un mensaje de estabilidad institucional, mientras que su rostro serio y concentrado acompañó una intervención que evitó los picos emocionales y los pasajes de confrontación directa.
En contraste, Castro inauguró su mandato con un discurso cargado de simbolismo político. Se definió como parte de un momento “histórico” al ser la primera mujer presidenta y habló de “romper cadenas”, “dictadura” y “refundación del Estado socialista y democrático”.
Su narrativa se ancló en el pasado inmediato y en la herencia que, según ella, recibía.
El discurso de Castro fue, en buena medida, un inventario de agravios, pues se refirió a la deuda pública, corrupción, ZEDE, crisis energética, pobreza y denuncias directas sobre préstamos y presupuestos.
Además, recurrió a cifras, señalamientos y una construcción del “antes” como un periodo que debía ser superado desde una transformación estructural del Estado.
Asfura, por el contrario, evitó referencias explícitas al Gobierno saliente o a responsabilidades heredadas. Su mensaje se centró en una agenda concreta que incluye seguridad, salud, educación, empleo, infraestructura, agricultura, turismo y descentralización. Habló de “trabajar con humildad” y “resolverle problemas a la gente”.
Mientras en 2022 Castro utilizó un lenguaje político de denuncia —“no más dictadura”, “no más escuadrones de la muerte”, “derogar las aberrantes reformas”—, Asfura decidió inclinar su discurso a una narrativa de reconciliación.
“No más división, no es con insultos, con venganza, con odio que vamos a salir adelante”, dijo el nuevo mandatario, en una de las frases que más aplausos generó en el hemiciclo legislativo.
Incluso su llamado al Congreso fue menos ideológico y más pragmático al pedir, casi suplicar —según dijo—, apoyo a los parlamentarios de aprobar leyes “para generar este cambio”, apelando a Honduras antes que a banderas partidarias, según dijo.
En la puesta en escena también hubo contrastes. Castro se dirigió a una amplia base política y social, mencionó partidos aliados y líderes históricos, y habló como figura de un proyecto colectivo.
Asfura, por su parte, personalizó su mensaje al agradecer a su familia, a los funcionarios del Consejo Nacional Electoral (CNE) y a las Fuerzas Armadas, cerrando con una oración (que solía hacer durante gestión como alcalde), lo cual reforzó su perfil de líder creyente y moderado.
El lenguaje corporal de Asfura reforzó su mensaje de humildad y cercanía. Al finalizar, saludó a cada diputado, mostró sus gestos de reconocimiento personal, y en varias ocasiones colocó la mano derecha sobre el corazón.
Sin embargo, desde perspectivas distintas, ambos mandatarios dejaron claro que comparten una base común sobre los temas que consideran prioritarios para Honduras.
En sus discursos, coincidieron en el llamado a la unidad nacional, colocando al pueblo como el eje central de su mandato. Mientras uno apeló a la movilización social y el otro a la reconciliación política, los dos presentaron la unidad como una condición indispensable para avanzar.