Más noticias

BID y Cepal pidieron obras para el valle de Sula

El BID y la Cepal le recomendaron al Gobierno construir sistemas que drenen aguas retenidas por los bordos.

La Lima, Cortés.

La Comisión para el Control de Inundaciones del Valle de Sula (CCIVS), según su recuento de daños y reparaciones, informó que el sistema de bordos está restaurado en un 100%, pero en la aldea La Samaritana todos los días ven un boquete abierto por donde entró la mayor cantidad de agua que en noviembre pasado los inundó.

Lizeth Contreras, tesorera del patronato de esta comunidad, de donde se han marchado algunas familias para Estados Unidos, le mostró a periodistas de LA PRENSA la abertura que aún persiste en uno de los bordos de un canal de alivio del río Ulúa y les informó que en otra comunidad cercana hay otro boquete abierto.

“Es el colmo que, después de un año, el Gobierno no haya reparado ese boquete. Antes de que nos llenáramos cuando Eta y Iota, se inundó la colonia 22. Allí hay un boquete en el bordo del canal Maya, no lo han reparado”, dijo mientras cruzaba el centro de la comunidad en compañía de periodistas de LA PRENSA.

En esta comunidad viven, de acuerdo con el censo del patronato, 110 familias, 365 personas. Después de Eta y Iota, tres familias abandonaron la aldea para emprender el sueño americano y recomenzar una vida. Además, emigró el esposo de Contreras por falta de empleo en las fincas bananeras.

$!Desde 1998, los limeños no habían sufrido una nueva inundación. Eta y Iota les recordó que viven en una zona altamente vulnerable.

“Mi esposo tuvo que emigrar. Él emigró días después de los huracanes y logró entrar en diciembre, gracias a Dios. En febrero me mandó las primeras remesas para empezar a reparar las casas. Lo estamos haciendo poco a poco porque aquí nadie nos ayuda, solo las oenegés. El Gobierno no nos ha apoyado en nada”, dijo.

Eta y Iota destruyeron total y parcialmente las viviendas de esa aldea. Las embravecidas corrientes de agua arrancaron los techos de un sinnúmero de casas.

Ahora tienen láminas de zinc gracias a la ayuda que ha ofrecido la organización estadounidense El Ayudante, que tiene como objetivo apoyar a la población más pobre del país.

En esta comunidad, la reparación de tan solo un boquete significa salvar vidas y proteger el patrimonio familiar en lo que resta del año. Recuperar los empleos de manera inmediata es imposible.

La inundación destruyó fincas y empacadoras de banano que eran las únicas fuentes de trabajo en esta zona.Con la llegada de Eta y Iota, Lorena Calderón, 27 años, perdió el modesto patrimonio que con su esposo Óscar Rivera (36 años) habían logrado hacer con los salarios obtenidos en las fincas.

$!La Lima será un municipio con menos riesgo ante inundaciones hasta cuando el Gobierno construya las represas y nuevos canales de alivio.

La inundación le arrebató los muebles, electrodomésticos y dañó la vivienda. También le robó el empleo.

“Yo trabajaba en una empacadora, en diferentes actividades. Con los huracanes perdí el empleo. La empacadora donde yo trabajaba desapareció, la inundación la destruyó. Nosotros sobrevivimos con el dinero que gana mi esposo en la finca. Él es jornalero”, expresó Calderón.

Para Calderón, “la reparación de los bordos es importante, pero es mucho más importante que los Gobiernos inviertan en la protección de todo el valle”. Según ella, si invierten protegerán toda la producción y las fuentes de empleo. “Si todos estamos protegidos, no estaremos viviendo en pobreza”, dijo.

A un año de la tragedia, en La Samaritana y en otras comunidades vecinas, como Flores de Oriente, aún hay familias viviendo en condiciones infrahumanas en carpas donadas por organizaciones internacionales, como Agencia de Cooperación Internacional de Japón (Jica), o en casuchas armadas con cartones, pedazos de madera y lonas donadas por la Bolsa Samaritana o la Cruz Roja.

En Flores de Oriente y en la colonia Suyapa, donde aún se mantienen esperando la llegada de camiones con ayuda de organizaciones internacionales, los habitantes no han logrado recuperar la estabilidad emocional y viven en zozobra. No están convencidos de que las reparaciones contengan nuevas inundaciones.

$!En la última década, el Gobierno central no desarrolló ningún proyecto para proteger a La Lima. Por medio de la CCIVS solo hizo algunos mantenimientos a los canales y bordos.

“Todos estamos preocupados en las comunidades. Todavía hay boquetes abiertos y, si llegan tormentas fuertes, por allí volverá a entrar el agua y destruirá también las reparaciones que han hecho. Vemos que han reparado los bordos del canal Maya, pero no han utilizado el material necesario para eso. El cauce del canal está lleno de sedimento y le ha quitado capacidad para recibir el agua”, expresó José Javier Mazariegos, habitante de la colonia Suyapa.

En noviembre del año pasado, La Lima, un municipio con unos 85,000 habitantes, permaneció inundada 4 días con Eta y 3 días con Iota, de acuerdo con el informe “Evaluación de los efectos e impactos de la tormenta tropical Eta y el huracán Iota en Honduras”, hecho por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Ese informe explica que algunas comunidades de La Lima se hallan ubicadas en depresiones del terreno cerradas parcialmente mediante sistemas de bordas de protección frente a desbordamientos.

En caso de inundación de estas áreas, las bordas impiden el correcto drenaje del agua al río, por lo que se producen inundaciones prolongadas a lo largo del tiempo, como las vistas el año pasado.

Para saber

El BID y la Cepal le recomendaron al Gobierno construir sistemas que drenen aguas retenidas por los bordos.

Para proteger a La Lima y todo el valle de Sula le sugirieron obras hidráulicas que permitan la derivación de las inundaciones.

Según BID y Cepal, a mediano plazo el Gobierno debe construir represas de usos múltiples en las cuencas de los ríos Ulúa y Chamelecón.

Esos dos organismos le indicaron al Gobierno que “la existencia de diques de protección junto al río aumenta la magnitud, persistencia y daños de las inundaciones cuando estos son rebasados”, especialmente en las zonas bajas de San Pedro, La Lima y El Progreso.

Para evitar inundaciones de grandes proporciones, le recomendaron la “construcción de sistemas que permitan el drenaje de las aguas retenidas por las bordas de protección” a corto plazo.

Oswaldo Martínez, regidor municipal, lamenta que “a pesar de que hay recomendaciones técnicas de organismos internacionales, el Gobierno no hizo nuevas obras para proteger a La Lima ni al valle de Sula, que es uno de los más productivos del país”.

“La Lima estuvo completamente inundada, el aeropuerto Ramón Villeda Morales también, pero el Gobierno solo mandó maquinaria a limpiar y hacer la reparación de boquetes. Habría que revisar si ese gasto que hizo es real. Vemos que en los últimos 8 años, el Gobierno no invirtió en la zona, ni en el Villeda Morales, porque no está interesado. Él quiere desarrollar la zona donde está el aeropuerto de Palmerola”, criticó.

Después del huracán Mitch (1998), que también inundó La Lima, la administración de Ricardo Maduro inauguró en 2005 el canal Maya, construido con dinero aportado por el Gobierno de Kuwait. Este sistema hidráulico extrae agua del Chamelecón y Ulúa y luego la devuelve a sus cauces en los tramos previos a la desembocadura en el mar. De esta manera evitó durante los últimos 15 años nuevas inundaciones en este municipio.

“En ese período, cuando recuperó la seguridad, La Lima comenzó a tomar un impulso económico. Llegaron nuevas inversiones, aumentó la actividad comercial y las fuentes de empleo. Muchas personas también vinieron a vivir a La Lima. Hoy, después de los huracanes del año pasado, el valor de las propiedades bajó a cero y nadie las quiere comprar. Los bancos tampoco dan préstamos porque es una zona de alto riesgo. La Lima necesita apoyo del Gobierno, no solo para reparar bordos, sino para protegernos y evitar que este municipio caiga en la pobreza”, expresó Martínez.

Pese a que el BID y la Cepal le indicaron al Gobierno que a corto plazo debía construir “para minimizar el impacto” de inundaciones “obras hidráulicas que permitan la derivación de las inundaciones a amplias zonas de sacrificio (pueden ser compatibles con otros usos agrícolas o recreativos) tampoco lo hizo.