Infierno vial en occidente de Honduras golpea al comercio  

En 2020, Invest-H no reparó la carretera de occidente porque utilizó el dinero para comprar hospitales móviles

Dado que se utilizó el dinero de la red vial para comprar los hospitales móviles, Invest-H no le dio mantenimiento a la carretera de occidente en 2020.
Dado que se utilizó el dinero de la red vial para comprar los hospitales móviles, Invest-H no le dio mantenimiento a la carretera de occidente en 2020.

San Pedro Sula, Honduras.

La corruptela dentro de Inversión Estratégica de Honduras (Invest-H) y el fracaso del Gobierno en la construcción de una nueva infraestructura están provocando diariamente que miles de pasajeros y cientos de camiones que transportan mercancías del Triángulo Norte se atasquen por varias horas (bajo el riesgo de asaltos) en la abandonada y destruida carretera de occidente (CA-4).

Filas extensas de vehículos livianos, autobuses con pasajeros y camiones de carga que avanzan a paso lento se forman todos los días en los primeros 25 kilómetros de la carretera (entre San Pedro Sula y Cofradía) a causa de los incontables baches y cúmulos de tierra y piedras que hace meses se desprendieron de los cerros y continúan invadiendo tramos de esta importante vía para el comercio del Triángulo Norte.

Para los transportistas de mercancías que son embarcadas o desembarcadas en Puerto Cortés, transitar por esta carretera internacional es “un sacrificio inevitable que provoca pérdidas económicas y problemas de todo tipo por el tiempo perdido”.

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Entre San Pedro Sula y La Entrada, la carretera está mala. Entre La Entrada y Santa Rosa de Copán, está en perfecto estado porque es nueva. Entre Santa Rosa y Cucuyagua está pésima. Para llegar a la frontera de El Salvador un camión, según el tipo de carga, puede tardar hasta 12 horas, de 8 que normalmente hace”, dijo Carlos Smith, un conductor de trasporte pesado, cuando salía de la terminal de contenedores de la Operadora Portuaria Centroamericana (OPC) de Puerto Cortés.

Hasta ahora, las demoras causadas por el mal estado de la carretera no ha tenido un impacto en el ingreso de camiones a esta terminal de carga marítima, según choferes como Smith o José María Ávila, quien cree que “el problema de esta carretera se da porque el Gobierno en 8 años no le dio la importancia a esta zona”.

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En 2020, Invest-H no reparó la carretera de occidente porque utilizó el dinero para comprar hospitales móviles

En las últimas semanas el congestionamiento vehicular se ha agudizado y el tiempo de espera se ha prologando debido a que cuadrillas de hombres y maquinaria de empresas contratadas por Invest-H rompen las áreas donde hay baches y luego los rellenan con asfalto, mientras los conductores esperan desesperadamente la autorización para continuar la marcha.

“A nosotros (los transportistas) nos está afectando mucho más, porque las llantas que usamos nosotros son más caras. En un carro pequeño, para cruzar de aquí (San Pedro Sula) a La Entrada, Copán, nos tardamos tres horas y media. Lo digo porque ya hicimos ese viaje.

Un camión tarda hasta cinco horas. Un cabezal con un furgón que lleve 50,000 libras lo máximo que puede dar son dos horas en una carretera en buen estado”, dijo Benjamín Castro, presidente de la Cámara de Transporte de Carga de Honduras (Catracho).

Castro dijo que “esta carretera está bajo la administración de Invest-H, la misma que robó el dinero de los hospitales. A esta altura debería tenerla reparada, pero el dinero lo movieron y no tuvo mantenimiento y ahora la carretera está destruida”.

El año anterior, durante las restricciones de circulación impuestas por el Gobierno para contener el covid-19, Invest-H no aprovechó para realizar reparaciones en esta carretera, sino para usar más de L1,600 millones del Fideicomiso de Infraestructura Vial en la compra de siete hospitales móviles, ventiladores mecánicos y suministros biomédicos.

Abriendo caminos

A finales de 2019, antes de que llegara el covid-19, a Invest-H le asignaron (para 2020) L2,500 millones en ese fideicomiso con el cual financiaría los gastos del programa Abriendo Caminos al Desarrollo que tenía como objetivo pavimentar 900 kilómetros de carreteras, rehabilitar 350 kilómetros y darle mantenimiento a más de 1,000 kilómetros. En la cartera de proyectos figuraban más de 15 kilómetros de la CA-4 antes de La Entrada, Copán.

Los prolongados embotellamientos que se suscitan en esta carretera no solamente afectan a los hondureños, sino a los países vecinos del Triángulo Norte. Los transportistas salvadoreños, que entran al país por medio de la aduana de El Poy, están pensando en cambiar de ruta: ingresar por El Amatillo.

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La congestión vehicular en la carretera CA-4 causa demoras hasta de 12 horas a las camiones que transportan carga pesada a El Salvador.

“Desde la semana recién pasada, los transportistas se han estado quejando de la carretera que conduce de El Poy hacia San Pedro Sula. Eso ya no es carretera, es camino. Ha habido tantos derrumbes, no ha habido mantenimiento. Normalmente a un transportista le toma más de ocho horas recorrer más de 260 kilómetros. La opción que hay es subirle la tarifa entre San Salvador y San Pedro Sula a unos $900 o $950 por tener que transitar la carretera Amatillo, la nueva autopista y salir a Comayagua para llegar a San Pedro Sula. El deterioro para los vehículos es menos, pero hay más gastos por combustible”, dijo Raúl Alfaro, presidente de la Asociación de Transportistas Internacionales de Carga (Astic) de El Salvador.

Alfaro le manifestó a Diario LA PRENSA que, además de los gastos que les origina la carretera del occidente, las autoridades de Honduras imponen “onerosas multas por pequeños errores (que no inciden absolutamente en nada en una exportación) que cometen los transportistas cuando llenan la Declaración Única Centroamericana (Duca) o el manifiesto”. “A mí me cayó una multa de $833.44 por pequeños errores. El sector aquí en El Salvador ya lo está resintiendo”, dijo.

En menor medida que los salvadoreños, los transportistas guatemaltecos son afectados por la interminable espera que hacen en las filas tortuosas de vehículos en los diferentes tramos donde el asfalto ha desaparecido.

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Aumenta el gasto de combustible y el deterioro de las llantas.

Carlos Lechuga, presidente de la Asociación de Transportistas Internacionales (Ati) de Guatemala, le explicó a Diario LA PRENSA que “los más afectados por el estado de esa carretera son los salvadoreños. Ellos sacan por esa carretera gran cantidad de carga, los guatemaltecos no tanto porque solamente transportan por esa carretera un tercio de la carga, el resto va por Corinto y El Salvador”.

La administración de Juan Orlando Hernández, que en los primeros cuatro años tenía como plan desarrollar toda la red vial para convertir a Honduras en un centro logístico, no logró concesionar por medio de Alianza Público Privada el corredor de occidente pese a que en 2017 la desaparecida Comisión para la Promoción de la Alianza Público Privada (Coalianza) recibió ofertas para construir una carretera de cuatro carriles.

La concesión de “El corredor de occidente, carretera CA-4, Etapa I, Tramo: Chamelecón, Naco, La Ceibita y La Entrada” le iba a permitir al ganador del concurso público internacional diseñar, financiar, construir, operar y transferir una carretera de cuatro carriles gestionada con dinero captado en peajes.

El Consejo Superior de Alianzas Público-Privadas, la nueva institución que reemplazó a la disuelta (2019) Coalianza, no le dio seguimiento al proyecto.

La Prensa