La educación pública de Honduras está aplazada, y de paso es excluyente

El sistema público excluye a más de 375,000 niños (de 6 a 17 años), además, permite la deserción de unos 100,000 y reprueba a más de 160,000 alumnos de los niveles básico y medio.

Este año desertaron más alumnos de las aulas porque sus padres emigraron a Estados Unidos.
Este año desertaron más alumnos de las aulas porque sus padres emigraron a Estados Unidos.

San Pedro Sula.

El sistema de educación pública de Honduras comenzará una nueva década en 2020 hundido en una crisis y operando con un modelo que excluye y expulsa a los niños más pobres.

Este año, de una población total de 2,339,680 de niños entre 6 y 17 años de edad aptos para cursar la educación básica y media, el 12% asistió a instituciones educativas privadas, el 74% a las aulas públicas y el 14% (más de 375,890) quedó marginado del sistema.

“Este año no me matricularon, no estuve en la escuela porque mis papás vinieron de Copán a vivir aquí. El año pasado terminé tercero en la escuela Pedro Nufio”, dice Tony Fabián Teruel (de 8 años), quien ahora vive en el bordo de río Bermejo, uno de los cinturones de miseria de la ciudad.

Deserción

El sistema, además de no asegurarles la matrícula a niños como Teruel, no es capaz de retener a todos los que son inscritos a inicios de año por no poseer programas de incentivos, procesos de seguimiento y seguridad contra amenazas (incluidas la violencia).

Este año, de la matrícula inicial registrada por la Secretaría de Educación, entre el 5 y 8% de los escolares abandonaron las aulas, principalmente en Francisco Morazán, Cortés y Yoro. En este grupo está Daniel Pérez, (de 12) que sin padre y madre logró llegar al sexto grado, pero hace unos tres meses abandonó la escuela Francisco Morazán de una aldea fronteriza con Guatemala, en Santa Bárbara. “Estaba en sexto en una escuela de la montaña cerca de la frontera, pero mi tío me sacó para que le fuera ayudar a trabajar en la tierra. Él se dedica a chapear potreros”, relata.

La Francisco Morazán, según Pérez, está compuesta por tres aulas en las cuales imparten clases tres profesores a un pequeño grupo de niños rurales que llegan con el estómago vacío.

“Me levantaba a las cuatro de la mañana y entraba a clases a las siete. Solo tomaba café y me iba con el estómago vacío, a las ocho, a las diez, comía la comida que me hacía una prima y yo llevaba en una panita almuercera”, dice.

Pérez recibía clases con dos niñas, una de ellas llegó hasta el final y la otra desertó en mayo. “Imagino que ella se fue para Estados Unidos”, dice el niño que ahora se encuentra en San Pedro Sula.

La deserción es un fenómeno constante en los centros educativos de los 18 departamentos, pero más acentuado en Cortés (con 22% de los casos) a causa de la pobreza extrema, desempleo, migración y violencia.

“Es necesario que el Gobierno abra fuentes de empleo para que los padres de familia tengan dinero y los niños no deserten y no emigren. Algunos de los niños de mi escuela ya están en Estados Unidos, otros en México y Guatemala, en estos días va uno para España”, ejemplifica Alma Isabel Murillo, directora de la escuela Soledad Fernández del barrio Barandillas. De esa escuela, adonde llega más del 60% de los niños sin desayunar, desertaron más de 30 alumnos.

Este mismo comportamiento mostraron otros centros educativos de la ciudad. Murillo cree que el Gobierno debe invertir en educación, fortalecer la merienda y desarrollar programas con la Secretaría de Salud para evitar que los niños abandonen las clases por las enfermedades.

Reprobados

A noviembre, con la cantidad de desertores descontada, la Secretaría de Educación registró una matrícula final de 1,859,058 alumnos con un 9% de reprobados (160,691).


En las últimas semanas, los aplazados se sometieron al proceso de recuperación, algunos aprobaron y hasta ya recibieron el certificado o diploma, otros deben seguir intentando hasta antes de Navidad.

“Me quedé en cuatro clases, vine a recuperación y pasé. Todavía no sé cuál es mi promedio”, dice ó scar Rolando Romero, quien hace unos días recibió el diploma por haber concluido el noveno grano en la escuela Soledad Fernández.

Alejandro Hernández, compañero de Romero, opina que “es necesario que mejoren las formas de enseñar porque las clases son aburridas y por eso hay muchos alumnos aplazados”.

Causas

El Observatorio de la Educación de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán plantea que la deserción (47,813 en 2015) y la reprobación (53,907 en 2015) son dos indicadores que desnudan la crisis. “Esta crisis no es reciente, no es nueva, pero se ha acentuado en la última década. Un sistema funciona bien si tiene adentro a todos los niños y si estos están aprendiendo; pero las estadísticas (...) indican que 900,000 niños (de 3 a 17 años) quedan afuera. El sistema educativo viene aumentando la cobertura a pasos muy lentos y no al ritmo que el país necesita”, advierte Mario Alas, coordinador de ese observatorio.

En esta nueva década, los próximos dos Gobiernos tendrán que convertir la educación en una de las prioridades para que Honduras alcance el número 4 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible acordado con la la ONU: “Asegurar que todas las niñas y todos los niños terminen la enseñanza primaria y secundaria” en 2030.Pero “esta situación es mucho más grave si consideramos lo referente al aprendizaje. Los niveles de aprendizaje que los alumnos están alcanzando son muy bajos, muy deficientes”, lamenta Alas, uno de los asesores de la evaluación de maestros aspirantes a ocupar plazas de docentes.

“Las tendencias de los resultados de Mideh (Impacto al Desempeño Estudiantil en Honduras), un proyecto de Usaid, que ha estado haciendo evaluaciones en la última década, dicen que en matemáticas, a partir de quinto grado, apenas el 10% alcanza los niveles de desempeño... el 90% se queda en niveles de ‘debe mejorar’ o ‘insatisfactorio’. La formación en matemáticas es deficiente”, ejemplifica.

“En 2011, la agencia internacional TIMSS (Trends in International Mathematics and Science Study) aplicó una prueba diseñada para niños de cuarto grado y cuando hizo el análisis muestral se dio cuenta que los niños no entendían lo que les estaba hablando. Entonces, aplicó la prueba a los de sexto grado, pero los resultados fueron igualmente pésimos”.

El observatorio ha llegado a la conclusión que existen factores internos y externos que mantienen sumido en la crisis al sistema público la pobreza, desnutrición, violencia, falta de inversión gubernamental y cero seguimiento a la actividad desarrollada por los docentes por falta de logística.

Alas dice que la educación pública pude ser mucho mejor, y cita como ejemplo que en Honduras “hay un sistema bilingüe privado muy bueno, cuyos egresados de bachillerato o high school hacen exámenes en universidades extranjeras y se ganan el ingreso sin problemas. Lo podemos decir con orgullo, pero son niños con otras condiciones y en otro tipo de centros educativos”.

Mientras el sistema hondureño se ahoga en la crisis, el de Costa Rica compite con el de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde).

Según su Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (Pisa), es uno de los tres mejores Latinoamérica. Costa Rica avanza en educación porque su Gobierno invierte más de $4,000 al año por alumno de nivel básico, el de Honduras aporta unos $900.

“Es necesario aumentar el presupuesto de Educación. En 2009 tuvo un presupuesto equivalente al 8% del producto interno bruto. Desde ese momento, el Gobierno lo ha disminuido. Andamos por el 5%. Sin recursos es imposible que el sistema opere”, dice Alas.

La Prensa