02/05/2026
02:50 PM

Mujer maíz, 'Mamá Chela”

En Honduras hay mujeres humildes que se gana el sustento haciendo tortillas de harina o de maíz; son heroínas. La tortilla forma parte de la dieta hondureña. Tanto si se sirve en bandeja de plata como en un plástico frente al mercado o en una colonia, es una buena aliada del paladar. Hay quien si no come tortilla en uno de los tiempos siente que no ha comido nada, que algo le falta.

    En Honduras hay mujeres humildes que se gana el sustento haciendo tortillas de harina o de maíz; son heroínas. La tortilla forma parte de la dieta hondureña. Tanto si se sirve en bandeja de plata como en un plástico frente al mercado o en una colonia, es una buena aliada del paladar. Hay quien si no come tortilla en uno de los tiempos siente que no ha comido nada, que algo le falta.

    La tortilla encierra el mundo de la gente de escasos recursos, pero sobre todo está asociada a las manos femeninas que les dan forma. En San Pedro Sula, 'Mamá Chela', barrio Cabañas, caracteriza a la mujer tortillera, a las que hacen de la 'echada' de baleadas su oficio, su fuente de ingresos.

    Muchas veces bajé de El Merendón hambriento como un tigre y me dirigía a la comalera siempre caliente de 'Mamá Chela' para degustar unas buenas baleadas. 'Mamá Chela' crió a sus hijos quemándose las uñas, y ha alimentado al vecindario, en realidad sigue haciéndolo, por varias generaciones.

    Grandes historias se pueden contar de las cosas pequeñas o apenas sin importancia a la luz de los escaparates y los centros comerciales. En Honduras los milagros empiezan con llevar una tortilla, una baleada a la boca, cargada de frijoles, crema, huevo revuelto y encurtido. Honduras se escribe con 'B' porque muchas familias de condición humilde, especialmente mujeres solas o abandonadas, viven de este delicioso bocado que hace agua la boca.

    He aquí un poema para las tortilleras que bregan con harina o maíz. 'Mujer maíz': Molino insaciable tritura la pobreza./ Maíz humilde que va al paladar/ con docilidad.

    Dedos rebeldes a la caricia/ domeñan la luna en la palma.// El maíz se enternece para dar vida,/ se rebaja hasta ir al fondo por la quebrada,/ con apenas saliva y piedras en las encías.// Una mujer lo amansa y lo adormece, / y crea una luna, una hostia asombrosa, la forma primigenia de la tierra./ Mujer atiza el hambre;/ el fuego, insaciable, no cesa de lamer el comal./ Y ella apura el amanecer en sus ojos despulpados.// Maíz mujer, fecundo grano/ multiplica la tierra/ madre./ Mazorca desgranada/ la vida que injertas. Los antropólogos, que estudian de cerca hábitos y costumbres de los pueblos, no dejarán pasar desapercibida la baleada, pues en torno a ella hay toda una lectura de la hondureñidad.