La pobreza tiene muchos 'padrinos': un gobierno deshonesto que usa el dinero de programas sociales para su derroche personal; los comerciantes inescrupulosos, subvaluadores de mercaderías, evasores de impuestos y contrabandistas y los más peligrosos son los lavadores de dinero, siempre asociados al crimen organizado, cuyas meteóricas fortunas están salpicadas de sangre. Pero el 'padrino' que no falla es la explosión demográfica; mistificamos mucho la pobreza y en vez de lamentarnos deberíamos apoyar programas de planificación familiar y enseñar educación sexual. Dejemos los tabús, empecemos por educar a la juventud desde temprano, evitar ese número tan creciente y doloroso de 'madres niñas'. Muchos de quienes se oponen a estas enseñanzas jamás han visitados tales dependencias de los hospitales, donde uno se confunde pensando que está en un pabellón infantil, hasta que repara en aquellas famélicas niñas amamantando a sus bebés. Si no tienen la suficiente vitalidad para su propio organismo, menos la tendrán para sus vástagos, que nacen prematuros o desnutridos, a veces con pocas expectativas de vida. Algunas de estas niñas recurren al aborto, temerosas del castigo de los padres, especialmente en aquellos casos en que el progenitor las embarazó, el hermano, el tío o algún familiar, porque el incesto en Honduras está muy generalizado, por la misma promiscuidad en que viven. Se repite la fábula: la liebre, madurez fisiológica, recargada de hormonas, siempre llega primero. Se ha comprobado que en la era moderna la pubertad es precoz, niñas de 9 años están embarazadas. La tortuga representa la educación sexual, pero contrario a la fábula, llega tardía y todo está consumado.
El grupo de los místicos, que siente un halo sobre sus cabezas, defiende el principio bíblico de 'Creced y multiplicaos', pero que sólo son teoría; dejan a su suerte aquella prole que crece geométricamente. Si hay educación sexual y planificación familiar no se llega al embarazo, menos al criminal aborto, que traumatiza a las muchachas de por vida. Los ginecólogos se quejan de que niñas y adultas recurren a abortos mal practicados. Llegan al hospital con grandes hemorragias que agotan la sangre que se necesita para otras cirugías urgentes. La mortalidad materna en Honduras asciende a 22 mil muertes por año. Esto necesita atención urgente.
Como dije al principio, todo esto produce controversia, a veces tan acalorada que a quienes estamos a favor de la planificación familiar nos llaman 'abortistas', 'maltusianos', ignorando que somos cristianos y que la intención principal es salvar vidas, guiar a las madres para que espacien sus partos y tengan menor número de hijos, que puedan sostener. Estoy con los que no les brilla nada en la cabeza, pero tienen compasión porque las mujeres estén debidamente informadas.
El empresario Antonio Tavel, perteneciente al Opus Dei, opina: 'La idea de que con menos población Honduras sería más próspera, además de ser absurda, ofende. Si la sábana no da para taparse los pies, yo procuraré conseguir una sábana más larga, pero no nunca se me ocurriría cortarme los pies'. Decía San Jerónimo: 'Cuando el estómago está lleno es fácil de hablar de ayuno'.
La mujer hondureña es muy prolífica. Parece que nadie reparó en que la madre de las quintillizas ya tenía 8 hijos y 18 su hermana. En Cedeño conocí una campesina de nombre Patrocina que 'patrocinó' el nacimiento de 21 niños, sólo sobrevivieron 8, los últimos dos, anormales. A pesar de mis conocimientos, me mantuve neutral en aconsejar a mi hija, sobrinas, hijas de amigas y cuñadas en cuanto a métodos de prevención natal. Pero descubrí que la clase profesional evita embarazos con métodos no aceptados por la Iglesia, ¡con permiso de su confesor! ¿Entonces? Hubo un caso especial que me cambió la perspectiva: Olga Valladares es verdulera ambulante, sale de su comunidad de El Chimbo, para en el Zonal Belén y empieza su peregrinación por las calles de Tegucigalpa con una canasta sobre su cabeza que pesa aproximadamente las 100 libras. A los 36 años ya esperaba su séptimo hijo y anduvo vendiendo hasta la víspera del parto. En su casa fueron dejadas dos niñas abandonadas; entrada la adolescencia una de ella la hizo abuela, así que sus piernas varicosas alimentaban 14 bocas. Hablé con un médico amigo y por un período le dio tratamiento. Yo le ayudaba para la escuela y el dinero no era poco. Por un tiempo desapareció, pero su cuñada me contó que se escondía de mí porque estaba embarazada del octavo bebé. Tenía 41 años, tuvo un parto muy complicado, casi se muere, le hicieron cesárea y no hubo más opción que hacerse una histerotomía. Por eso me atrevo a decir que mientras haya 'Olgas' abandonadas nadie tiene derecho de hablar en nombre de ellas ni moralizar con eufemismos.
Estoy contra las ultrafeministas, que preconizan 'eres dueña de tu cuerpo, úsalo como quieras'; lo usan irresponsablemente y caen en el libertinaje. Estoy con los que no les brilla un halo en la cabeza, pero que han entendido que la mujer tiene derecho a recibir la información necesaria, que no necesiten 'santos voluntarios' que decidan por ellas y las abandonen a su suerte.