16/06/2024
07:45 AM

Un nuevo estilo de hacer y actuar políticamente

    En 1876, Ramón Rosa declaró a sus compatriotas estar dispuesto para “que se realice un cambio radical en el modo de ver, de representar y de servir la dignidad, los derechos y los intereses de la nación”. El mismo año envió instrucciones a los gobernadores, incluidas en las “Normas de Gobierno”, que incluían una “regeneración moral” de la cultura política local. Sus reflexiones no solo continúan teniendo plena vigencia, también un sentido de urgencia.

    Se impone una renovación en la totalidad de los partidos políticos hondureños, que va desde el relevo generacional e ideológico hasta la práctica cotidiana de la transparencia, superando los nefastos arreglos interpartidarios entre las cúpulas, actuando de espaldas a las bases que son manipuladas para fines electorales para luego ser ignoradas.

    Se requiere que se formulen planes y propuestas de gobierno realistas y factibles de ser implementadas si logran acceder al poder, ya no demagógicas e irreales. Igualmente el alcanzar consensos amplios y permanentes con la membresía, los diálogos reemplazando a los monólogos.

    El rendimiento de cuentas de los fondos percibidos, de los acuerdos logrados con el Gobierno de turno y con el resto de partidos.

    Se requieren políticos que ya no sean arribistas, inescrupulosos, amorales, corruptos, tan solo motivados por el rápido enriquecimiento -personal y familiar-, obsesionados por el poder y la riqueza, al servicio de intereses privados antes que colectivos.

    El juicio que se está realizando en la ciudad de New York ha evidenciado los sórdidos y nefastos alcances y repercusiones del abuso al ejercer la función pública sin ningún tipo de controles por parte de los otros poderes estatales, lo que desemboca en un régimen autoritario que se considera a sí mismo por encima del escrutinio ciudadano y la sociedad civil.

    La coyuntura actual, de severa y profunda crisis institucional, es absolutamente necesaria para no solo darle vuelta a la página, también para cerrar el libro e iniciar una inédita lectura del quehacer político y su práctica cotidiana por parte de los políticos y los partidos.

    Se requiere, aquí y ahora, la democratización interna de todos los partidos políticos, sin excepción alguna, la renovación y actualización de sus idearios, al igual que el reemplazo de sus actuales cuadros directivos, cuyas concepciones y credenciales éticas han caducado, tornándose irrelevantes y contraproducentes para las aspiraciones de cambios profundos, no cosméticos, de sus bases, cansadas de ser utilizadas para objetivos particulares.