Retorno gradual y ordenado

El fin del TPS para unos 55,000 hondureños en Estados Unidos obliga a buscar una prórroga y preparar una reinserción ordenada para quienes deban regresar al país

  • Actualizado: 18 de agosto de 2026 a las 00:10 -

El anuncio oficial de las autoridades migratorias estadounidenses respecto a la finalización del permiso para residir y trabajar legalmente en la Unión Americana, que desde 1998 ha beneficiado a miles de compatriotas, era previsible con mucha antelación, de modo que no debe tomar por sorpresa ni a las y los hondureños acogidos a tal programa ni a nuestras autoridades.

Se trata de un hecho consumado, inserto en el contexto del enfoque implementado por el mandatario Trump desde su primer período presidencial, a efecto de cancelar las previas políticas migratorias que, en una combinación de humanitarismo y pragmatismo, autorizaron la llegada a la nación norteamericana de mano de obra procedente de otros países.

Para entonces, los objetivos de las autoridades estadounidenses eran cubrir la demanda de mano de obra no calificada o semicalificada en sectores tales como agricultura, construcción y servicios diversos, habida cuenta del envejecimiento de su población nativa y de la negativa de su fuerza laboral a desempeñar labores no adecuadamente remuneradas y que implican riesgos de diverso tipo, particularmente en el agro.

Lo que deben solicitar nuestras autoridades, vía Cancillería, es solicitar una prórroga temporal razonable que facilite a las y los tepesianos, en número de alrededor de 55,000 personas, poder planificar de manera ordenada su reintegro a la patria, con una transición que les permita disponer de sus haberes y efectos personales que no pueden traer consigo.Ante la ausencia de previa planificación por los gobiernos hondureños precedentes y el actual, sobre la marcha deben elaborarse estrategias de reinserción, en las que también la empresa privada puede colaborar, aprovechando el capital humano y las destrezas y habilidades asimiladas por las y los retornados durante su estadía estadounidense, las mismas que deben ser aprovechadas por potenciales empleadores.

Y a quienes optan por trabajar por cuenta propia, otorgarles facilidades crediticias -capital semilla- que contribuyan a su despegue económico independiente. Es lamentable que, siendo Honduras un fiel y consistente aliado de Washington desde el inicio de apertura de relaciones diplomáticas bilaterales en el siglo 19, que han sido de recíproco beneficio para ambas partes, recientemente se haya dado un giro a tales tradicionales vínculos fraternos que han facilitado la interacción y la amistad de doble vía.

De diversas maneras, nuestra nación ha dado muestras inequívocas de su disposición y sinceridad por consolidar tales lazos amistosos de mutuo provecho: en materia de seguridad, comercio, inversiones y cultura.

Hoy prevalecen nuevas realidades de carácter unilateral que ojalá puedan ser superadas, a efecto de que nuevamente se retome la tradicional hospitalidad con que Estados Unidos ha favorecido a nuestra población migrante, que, con su trabajo y pago de impuestos locales, estatales y federales, cumple con las expectativas con que encontraron oportunidades de mejoría en sus vidas y las de sus descendientes.

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