Reconocimiento

Un reconocimiento merecido que también invita a reflexionar sobre el presente ambiental y urbano de la ciudad

Muy justo y merecido el que próximamente será otorgado por el Congreso Nacional, tras moción conjunta presentada por todos los diputados del departamento de Cortés a iniciativa de la legisladora Yasmín Meza, a efecto de distinguir al arquitecto sampedrano Roberto Elvir por su sobresaliente trayectoria existencial, dedicada no solo al ejercicio de su profesión, también poseedor de una proyección social y ambiental en pro del desarrollo urbano de San Pedro Sula y otras ciudades hondureñas, con una visión de largo alcance que integró la planta física con su entorno ecológico como un todo, tomando en cuenta la calidad de vida de sus habitantes, en armonía con la preservación de espacios verdes.

Además, el arquitecto Elvir ha ejercido la docencia, forjando nuevas generaciones de profesionales que hoy continúan y amplían las perspectivas y visiones del maestro, imbuido de un innato sentimiento en pro del bien colectivo.

Honduras ha contado con distinguidos arquitectos a lo largo del tiempo; recordemos, entre otros, a Fernando Pineda Ugarte, Mario Valenzuela, Enrique Villars, Enrique Escher, ocupando cuatro etapas temporales en el desarrollo y evolución de esta carrera, impartida inicialmente en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah).

El Poder Legislativo, en fecha de entrega aún por definir, impondrá al compatriota don Roberto Elvir la condecoración de la Cruz Comendador, simbólica de sus diversas contribuciones a la edificación de infraestructura y al ornato citadino. Paradójicamente, y se está comprobando “in situ” con sentimientos de dolor y frustración, la municipalidad sampedrana taló árboles de distintas especies, incluyendo caobas, en la avenida Circunvalación y otros puntos de nuestra metrópolis, provocando el rechazo ciudadano y la investigación correspondiente por parte de la Fiscalía del Ambiente del Ministerio Público, que ha exigido informe detallado que justifique tal acción.

También El Merendón, pulmón de San Pedro Sula, recibe los embates acelerados de empresas constructoras, que obtienen de manera irregular licencias ambientales y planes de manejo para proceder a la edificación de residencias destinadas a sectores pudientes.

Nuestro país requiere de un programa intensivo, permanente y masivo de reforestación ante la implacable y sistemática destrucción de sus bosques a manos de poderosos intereses que convierten las forestas en construcción de viviendas, pistas de aterrizaje, pastizales, con ello reduciendo significativamente las fuentes de agua, elevando las temperaturas ambientales, impactando en la salud de las personas, en la flora y fauna, en síntesis en la anhelada y cada vez más distante Honduras Verde, aspiración colectiva de convivencia armoniosa entre el hombre y su entorno natural.

Aún hay tiempo de poner un alto a la acción depredadora, en su mayoría impune, de personas carentes de un sentido elemental del acelerado calentamiento global, que nos afecta cada vez en mayor grado, particular -pero no exclusivamente- en el corredor seco de la zona central de la nación, anualmente afectado por hambrunas colectivas, contribuyendo al éxodo poblacional hacia otras regiones del país y al exterior.

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