Producción artesanal e industrial

La producción artesanal de calzado y textiles en Honduras enfrenta la competencia de importaciones, mientras productores piden crédito y apoyo para fortalecer el sector.

  • Actualizado: 09 de septiembre de 2026 a las 00:10 -

La primera compite en desventaja respecto a la segunda, especialmente en lo que respecta al volumen de producción. Tal hecho económico no es nuevo: se remonta a la primera Revolución Industrial, en el siglo XVIII, y al impacto mundial provocado por las maquinarias movidas a vapor, generado por el carbón y, posteriormente, por la electricidad.

Estas innovaciones tecnológicas desplazaron a la mano de obra que carecía de ellas y, como resultado, el artesano se transformó en proletario, vendiendo su fuerza de trabajo a los propietarios de industrias y no de talleres.

Tal fenómeno lo advirtió nuestro primer economista, José Cecilio del Valle (1777-1834), al constatar la quiebra de la artesanía textil centroamericana, desplazada por la competencia proveniente de la vecina colonia inglesa de Belice.

Otras actividades artesanales que permitieron a muchos compatriotas obtener ingresos para su propio sustento y el de sus familias han desaparecido, entre ellas la hojalatería y la talabartería.Hoy, la producción artesanal de calzado y confección textil de Honduras, incluyendo San Pedro Sula y otros municipios del Valle de Sula, se ve afectada por las importaciones procedentes, sobre todo, de China y Panamá.

Una combinación de factores explica tal situación: la importación de vestuario y zapatos usados; la dependencia de intermediarios para la adquisición de materia prima; las diferencias de volumen y precios respecto a la competencia extranjera; la falta de financiamiento accesible y de tasas de interés preferenciales por parte de la banca comercial local, lo que obliga a pequeños y medianos empresarios a recurrir a préstamos usurarios de hasta un 20% semanal; y el alza en el pago de alquileres, que afecta crecientemente al comercio y al artesanado local.

Una noticia esperanzadora es el anuncio realizado por Jorge Velásquez, director de Senprende, sobre la creación de un fondo nacional de crédito por 85 millones de lempiras, destinado a diferentes actividades productivas, entre ellas el rubro del calzado. El fondo ofrecería tasas crediticias cercanas al 10% anual, además de acompañamiento técnico.

Los productores a pequeña y mediana escala, por su parte, deben organizarse bajo el sistema cooperativo, lo que les ofrecerá mayor capacidad de organización y negociación, además de contribuir a mejorar la calidad y diversidad de los estilos ofrecidos al comprador.

Ellos proponen que el gobierno destine parte de sus compras y de la asignación de contratos al pequeño y mediano productor, fortaleciendo así la producción nacional. Aquella consigna formulada por nuestra empresa privada décadas atrás mantiene plena vigencia: “Use y consuma lo que el país produce”.

La recíproca solidaridad contribuye a la forja de la unidad nacional, tanto en condiciones favorables como adversas.

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