El convertirse en padre significa muchísimo más que el mero acto biofísico de fecundar a una mujer. Ese es tan solo el primer momento en todo un proceso que incluye desde la gestación de la madre, el dar a luz, el nacimiento del hijo o hija producto de la fusión de un espermatozoide con un óvulo.
El cuidado y protección integral del o de la recién nacida, su sustento, salud, abrigo, educación, transmisión de valores, forman parte esencial de una cadena de acciones a ser simultáneamente implementadas por la pareja.
Por desgracia, en nuestro medio no está vigente con carácter permanente y puntual en muchos hogares, independientemente del estatus socioeconómico y nivel cultural del padre biológico.
Y es que si bien hay varones que asumen a plenitud sus deberes y responsabilidades -por propia motivación y sentido del deber-, sin necesidad de comparecer ante los tribunales para ser obligados a responder a demandas judiciales interpuestas por la madre de la criatura, también hay otros que optan por desertar, incapaces o no deseosos de formar un hogar en que prive la estabilidad, el recíproco amor y la protección debida tanto de la madre como de la prole, lo que provoca un vacío material y psicológico en el que es ella la que debe, exclusivamente, desempeñar la doble función material y paternal simultáneamente.
Y cuando los hijos concebidos preguntan ¿en dónde está nuestro padre?, la madre debe recurrir a una mentira piadosa para no impactar en la sensibilidad de ellos. En su momento, con el paso del tiempo, deberá confesarles el porqué de la ausencia, con la esperanza de que sus hijos, una vez adultos, no incurran en la misma conducta repudiable del progenitor.
La paternidad irresponsable forma parte de la cultura machista prevaleciente en Honduras, que exalta que un hombre sea a la vez sexualmente promiscuo y liberado de compromisos sociales, de esa manera contribuyendo a la forja de actitudes y conductas despojadas del sentido del honor y la responsabilidad.
Para contrarrestar en lo posible tales antivalores resulta esencial que en los colegios e institutos públicos y privados se exponga esta temática a jóvenes que ya han ingresado a la etapa adolescente, de esa manera complementado una educación en valores que debe iniciarse en el seno hogareño para ser continuada en la cátedra por parte de los docentes, debidamente preparados para tales programas formativos de personalidades balanceadas.
En esta fecha en que se conmemora el Día del Padre, la ocasión es más que propicia para que se divulgue, discuta, analice la gran responsabilidad que conlleva el llegar a ser verdaderamente pater familia, en toda la dimensión de este vocablo.
Que eventualmente nuestra juventud asuma en su totalidad el honor y la dicha de asumir la paternidad y la maternidad de manera total, con los retos y desafíos, satisfacciones y bienaventuranzas que significa el alcanzar la etapa de la existencia en que se llega a ser padre.