Centenares, cuando no miles de compatriotas, hombres y mujeres, adultos, jóvenes y niños, se encuentran subsistiendo y varados en el extenso territorio mexicano, inmersos en el desamparo, incertidumbre, sabidos de que el intentar el cruce fronterizo para ingresar a Estados Unidos, subrepticiamente o en solicitud de asilo, es cada vez más difícil y peligroso, por no decir casi imposible.
También quienes se encuentran en diversas ciudades y zonas rurales de la Unión Americana, sea en calidad de indocumentados e incluso con autorización para residir, trabajar, estudiar, tal es el caso de los tepesianos, pueden, y ha ocurrido, ser deportados en la medida de que las autoridades migratorias han crecientemente endurecido políticas y enfoques.
Reintegrarlos a su patria no es meramente una acción humanitaria, es igualmente un deber elemental hacia quienes, con el envío de remesas, mantienen a flote nuestra economía, en montos superiores al total de las exportaciones.
También en México, Guatemala y otras naciones se encuentran -en cautiverio de hecho - compatriotas víctimas del ilícito tráfico de personas, explotados sexual y laboralmente, despojados de libertad y medios que les permitan comunicarse, en procura de asistencia legal, con nuestras autoridades consulares.
¿Y qué acerca de la tripulación marinera que zarpó desde Guanaja para faenar en nuestras aguas jurisdiccionales en el noreste y de las que no se ha vuelto a tener noticia alguna? ¿Perecieron en el naufragio?, empero no se encontraron ni restos humanos ni materiales que confirmaran tal hipótesis. ¿Fueron capturados y asesinados por narcotraficantes? La Dirección de Marina Mercante delegó en el Ministerio Público el indagar su paradero, inclinándose por un atentado criminal como causal de su desaparición, que se suma a la de aquellas víctimas de detención, tortura y ejecución durante la aplicación de la Doctrina de Seguridad Nacional en décadas pasadas.
El impenetrable silencio y misterio rodean esta tragedia, que ha sumido en la angustia y desesperación a sus familias.
El ignorar estas dolorosas realidades no es admisible, a menos que hemos descartado la sensibilidad y solidaridad con nuestros semejantes. ¿Quedarán en profundo y total olvido este drama?
Se debe continuar investigando lo realmente ocurrido, para que sus familias finalmente sepan lo que aconteció, llevando al fin resignación y paz a los dolientes de los trabajadores del mar, expuestos a los riesgos inherentes en tal actividad pesquera, ganándose el sustento cotidiano de manera honrada.