Migrantes y remesas

Las remesas de los hondureños en el extranjero sostienen buena parte de la economía nacional, mientras el retorno de migrantes plantea nuevos desafíos para el país

  • Actualizado: 28 de agosto de 2026 a las 00:00 -

Gracias al más de un millón de compatriotas que se han marchado de su país en busca de oportunidades en otras naciones y que envían puntualmente un porcentaje de sus ingresos para el sostén de sus familiares en Honduras, la economía nacional se ha mantenido a flote, sin colapsar.

Las remesas enviadas por ellos constituyen la principal entrada de divisas para la balanza comercial, la estabilidad del lempira, la reducción del déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, la disponibilidad de reservas internacionales, la capacidad de consumo de los receptores, la reducción de la pobreza y el incremento en el acceso a servicios básicos, como salud y educación, de las familias que perciben remesas.

El impacto económico y social es evidente.

De ahí la preocupación, válida, por las constantes deportaciones y la posterior cancelación definitiva del Estatus de Protección Temporal (TPS) por parte del actual gobierno estadounidense.

Sin duda, esa es una decisión que repercute en las condiciones económicas hondureñas, lo que requiere la implementación de medidas para poder absorber el impacto sufrido y acoger a nuestros compatriotas en su eventual retorno a la patria. Son personas que traen consigo nuevas destrezas y habilidades que deben ser aprovechadas.

Hasta ahora, no se ha contado con un plan de aprovechamiento apropiado de las remesas que hubiera destinado un porcentaje significativo de estas a la producción, estableciendo programas de reinserción laboral y ampliando el número de centros de atención al migrante retornado. Estos deberían incluir financiamiento, ubicación, cobertura, ejecución, seguimiento y evaluación de la inserción social, económica, laboral, psicológica y cultural en sus comunidades de origen, sus familias y la sociedad en su conjunto, tras años de permanencia fuera del hogar común, lo que requiere su readaptación gradual.

Y las y los hondureños que logran permanecer en la Unión Americana deben recibir una mejora en la atención que reciben por parte de nuestros agentes consulares, con la expedita tramitación de sus diversas gestiones. La Secretaría de Relaciones Exteriores debe supervisar periódicamente el desempeño eficaz tanto del personal diplomático como del consular.

Que este volver a Honduras sea, para nuestros paisanos y paisanas, pleno de hospitalidad, oportunas asistencias y orientaciones por parte, tanto del sector público como del privado. Que se sientan totalmente bienvenidos tras años, incluso décadas, de haberse marchado y separado de sus familias y amistades, con la añoranza y nostalgia de dejar atrás la tierra que los vio nacer para adentrarse en tierras lejanas y extrañas, a las que lograron adaptarse, encontrar oportunidades de diverso tipo y salir adelante, teniendo siempre presente, en sentimiento y pensamiento, a la patria en que nacieron y crecieron y que hoy los acoge en su seno maternal.

El ignorar su presencia, dándoles la espalda, recibiéndolos con indiferencia, cuando no hostilidad, constituiría una ausencia absoluta de gratitud y reconocimiento por parte nuestra. La solidaridad total, la generosidad plena, deben ser la norma de conducta de quienes por distintas circunstancias hemos permanecido en el lar nativo, en la tierra maternal.

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