Por tercer año consecutivo el sistema público de educación enfila la recta final de la metas, cuyo logro es calificado como uno de los mayores éxitos en beneficio de los niños y jóvenes. Nos referimos a los 200 días de clases que, pese a ser un factor cuantitativo, refleja claramente la imagen del camino para el mejoramiento en la educación pública.
Durante 181 días, según las estadísticas, las aulas han estado abiertas, lo cual, para quienes tienen memoria corta, no debiera ser noticia, mucho menos material para un comentario editorial. Pero basta echar la mirada hacia el pasado cercano cuando los centros educativos se hallaban en manos de los dirigentes magisteriales para valorar el cambio, gracias a las autoridades, maestros, escolares y padres de familia.
Estabilizado y cumplido en su totalidad el calendario escolar, la labor de la Secretaría de Educación se halla enfocada en el fortalecimiento de la calidad educativa que pasa por el mejoramiento de las instalaciones, facilitación de tareas administrativas, dotación de material y equipo educativo, y, sobre todo, por la actualización pedagógica de los docentes para que su labor cotidiana vaya abriendo eficazmente paso a la inserción de los niños y jóvenes en el nivel superior, colegio, universidad.
Cuando se implantó el examen de admisión en la universidad pública, denominado Prueba de Aptitud Académica (PAA), la oposición fue fuerte con el argumento de que no había que cerrar las puertas de la universidad del pueblo a nadie, pues sería truncar las aspiraciones de miles de hondureños. La experiencia a lo largo de los años ha sido lo contrario, se ha favorecido a los estudiantes con las oportunidades desaprovechadas anteriormente por quienes utilizaban los predios universitarios para pasear.
A la mejora de los índices académicos hay que sumar la preocupación y el esfuerzo en los centros de educación secundaria para que sus estudiantes superen la PAA e ingresen en el nivel superior, lo cual significa que la exigencia de la Unah ha sido un incentivo en el mejoramiento de la calidad educativa, sobre lo que habrá que seguir trabajando arduamente en todos los niveles, pues la garantía de prosperidad y progreso se halla en la educación de las personas.
Los 200 días de trabajo, a cumplir en este mes de octubre, es muestra del camino recorrido y, sin duda, de lo que falta para lograr las reformas necesarias no solo para la universalización de la educación primaria, expansión del nivel preescolar, sino también la disminución de las deserciones y mayor rendimiento escolar.
“La escuela para padres ha hecho que estemos más pendientes de nuestros hijos y tengamos claro el desempeño de estos por medio del diálogo con los profesores”, explica una madre. Los maestros reconocen el mejoramiento de las relaciones con las autoridades de las que esperan, tras seis años, consignen aumento salarial en el presupuesto del próximo año.