La salud financiera de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, ente autónomo, es cada vez más precaria, al punto que puede -inequívocamente concluirse- que se encuentra en la fase terminal de su existencia.
La crisis institucional se ha ido agravando con el transcurso del tiempo, sin que los distintos Gobiernos civiles y militares hayan priorizado su saneamiento con carácter de urgencia, ya que de por medio está la seguridad nacional en materia energética.
Las cifras reveladas por su actual gerente, Eduardo Oviedo, evidencian la magnitud de la gravedad, que debe ser encarada con máxima prontitud y decisión por parte del presidente Asfura y sus cercanos colaboradores en la gestión y administración del país.
La última auditoría certificada data del 2010, con lo que sus estados financieros a partir de esa fecha resultan inciertos, revelando la ineficacia en su aspecto contable.
La planilla de personal se incrementó de 2,500 a 6,000 durante la administración de Xiomara Castro; pese a ello, “los resultados no han sido los esperados”.
Las pérdidas incurridas -cada vez más elevadas- alcanzan el 38%, con un costo anual de L2,500 millones.
El robo de energía, la acumulación de cuentas por cobrar, la obsolescencia de equipos en determinadas plantas, el otorgamiento de subsidios a sectores poblacionales con suficiente capacidad de ingresos para no ser incluidos forman parte del presente déficit.
La deuda acumulada con los generadores privados crece al no ser cuando menos amortizada, alcanzando al presente L104,000 millones, con atrasos en algunos casos de hasta un año.
Agrega Oviedo que la Enee “perdió hace tiempo su capacidad de pago”, lo que significa que el Gobierno central ha debido asumir la responsabilidad financiera, avalando la mayoría de préstamos internos e internacionales contraídos a lo largo de los años.
Él recomienda que de inmediato se proceda a ordenar los registros contables, contratando a una empresa auditoría extranjera, la reducción de gastos operativos, la intervención de programas ineficientes, el restablecimiento de la credibilidad financiera, con el propósito de apuntalarla en un esfuerzo por impedir su derrumbe final.
En los primeros días de diciembre publicamos en este mismo espacio un editorial intitulado “A grandes males, grandes remedios”, proponiendo la inevitable y necesaria privatización de la Enee, como única alternativa -necesaria y correcta-, para su rescate, proponiendo que sea un consorcio de empresas hondureñas las que asuma tal iniciativa.
Hoy volvemos a insistir es que se trata de la única respuesta viable y realista para evitar su extinción.
Similar sugerencia planteamos para otra empresa estatal, igualmente en crisis crónica: Hondutel, ambas responsables de la actual condición de quiebra, con graves implicaciones para la salud económica de la nación.
De empresas inicialmente eficientes se han transformado en elefantes blancos, en nudos gordianos que requieren transformación radical, de cirugía de emergencia, en un intento por contener la hemorragia actual.
La indiferencia y pasividad debe dar paso a la inmediata acción, con la suficiente dosis de voluntad política.