10/08/2022
12:28 AM

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La economía

    El desempeño de la economía en los próximos doce meses marcará plenamente la definición del nuevo Gobierno que, entre sus mayores desafíos, encuentra la reactivación del aparato productivo, la contención de la deuda y su manejo racional de acuerdo con posibilidades reales no a la disponibilidad y ofrecimientos de organismos internacionales, y, sobre todo, que la mejoría deseada se convierta en fuentes de trabajo, en ingresos familiares y personales seguros para que los deseos de reducción de la pobreza pasen de las palabras a hechos significativos reales.

    En las últimas semanas y con motivo del fin del ciclo anual en fuentes oficiales se ha llegado a señalar un crecimiento por encima del siete por ciento. Casi nada, pues la situación interna, la incertidumbre por cambio de Gobierno, las secuelas de la pandemia y las dudas sobre la recuperación de la economía son jarros de aguas fría cuya consideración puede y debe amortiguar los golpes de eufóricas previsiones.

    En el ámbito mundial, los mayores riesgos, además de la pandemia, lo constituyen las altas tasas de interés, el precio de los combustibles que se hallan echando ojo desde la esquina para otear el comportamiento de nuevos virus para recuperarse de las caídas, los obstáculos en los fletes para agilizar el comercio internacional y la inflación que en países más ricos genera protestas contra los Gobiernos. Estamos pagando un alto precio por la anunciada nueva normalidad.

    Las restricciones en la movilidad de las personas y el cierre de negocios frena la expansión del virus, pero también congelan, condenan la economía, de aquí que lo logrado con las vacunas y las medidas de bioseguridad ha sido calificado como superación de la crisis; pero la nueva variante, ómicron, se halla presente, amenaza la economía y obliga a nuevas restricciones que en número reales en estos últimos días de festividades de fin de año ha obligado a la suspensión de miles de vuelos comerciales.

    El peso de la deuda es grande. La tentación de recurrir a organismos multilaterales de financiamiento es fuerte y la ilusión sobre ofertas de crédito deslumbradora. El día después cuando comenzamos a echar cuentas y sobre el presupuesto anual recaen los compromisos a cumplir es cuando llega la lloradera y cuando se comienza a recortar u olvidar sectores fundamentales en la vida nacional: educación, salud, seguridad, justicia... Eso, sí, la burocracia con gran fuerza expansiva para cumplir compromisos personales o de partido.

    Los cien primeros días de la nueva administración deben trazar ruta segura a nuevos tiempos que nos presentan como bandera de la nueva administración.