Frontera impenetrable

La reducción del flujo migratorio hacia Estados Unidos refleja un fenómeno complejo marcado por mayores controles, riesgos crecientes y decisiones difíciles para quienes buscan mejores oportunidades fuera de sus países

No es casual que el número de migrantes procedentes de distintas naciones y continentes que intentan ingresar indocumentados a la Unión Americana se ha reducido dramáticamente, sea que crucen el río Grande o Bravo, sea que penetren por zonas desérticas o semidesérticas, en el intento arriesgando sus vidas por ahogamiento o insolación.

Adicionalmente, las bandas dedicadas al tráfico de personas aprovechan la vulnerabilidad de los migrantes para cometer todo tipo de atentados, incluyendo secuestros, violaciones, asesinatos, incumpliendo la promesa de conducirlos sanos y salvos a la “tierra prometida”.

El número de agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP) y de la Patrulla Fronteriza, muros, cámaras, sensores; es decir, los factores humano y tecnológico, hacen cada vez más difícil el acceder a Estados Unidos de manera subrepticia.

Las estadísticas de arrestos y deportaciones así lo confirman.

Una compleja gama de factores motivan a millones de personas a migrar desde sus países de origen en América, África, Asia hacia el Hemisferio Norte: hambrunas, sequías, guerras civiles, inseguridad cotidiana, desempleo, discriminación hacia determinados grupos étnicos minoritarios, aspiración por mejora en las condiciones de vida personales y familiares, regímenes represivos, se encuentran presentes en la decisión de migrar hacia otras latitudes, lo que cada vez es más difícil y riesgoso, habida cuenta que los países receptores han decidido el no permitir ese creciente flujo de humanidad desesperada, hambrienta y sufriente.

Los Gobiernos enfrentan crecientes presiones internas para el cierre de sus rutas de acceso.

En América Latina, Cuba y Venezuela constituyen los casos más elevados de migraciones masivas de sus respectivos pueblos: sus sistemas políticos no solo están agotados, igualmente han colapsado denegando cualquier posibilidad de mejora en el cercano futuro, con el consiguiente deterioro en las de por sí precarias condiciones de vida de sus habitantes, sumidos en la desesperanza respecto al mañana.

La reciente visita de la funcionaria Kristi Noem a Honduras y su reunión con el presidente Asfura se deriva de la reunión Escudo de las Américas, a la que comparecieron los titulares del Poder Ejecutivo de naciones latinoamericanas y caribeñas percibidas por Washington como aliadas confiables, con regímenes inscritos en el espectro de la derecha.

La agenda desarrollada en Tegucigalpa incluyó la venida de inversionistas estadounidenses, lo que significaría la generación de puestos de trabajo y el fortalecimiento de nuestra golpeada economía, el combate sostenido contra el narcotráfico y el crimen organizado, el fortalecimiento de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas, el refuerzo de la seguridad bilateral, incluyendo el tema migratorio.

Los migrantes potenciales deben convencerse de que más vale permanecer en su tierra, junto a sus familias, antes que aventurarse a adentrar en laberintos sin salida ni escape.

Que es aquí, en la patria, en donde nacieron y crecieron que existen posibilidades de superación si se cuenta con disponibilidad de oportunidades, con disciplina y motivación emprendedora para salir adelante, sin necesidad de exponerse a riesgos inimaginables que pueden decidir el dilema de existir o morir muy lejos de nuestra Honduras.

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