Desde hoy en el ámbito de la administración pública y en algún otro sector hermano, la agenda recupera la actividad anual deseada por la población, la mayoría por diversión o supuesta francachela que en pocas horas comienza a pasar cuenta; pero también los amantes y amigos de la tradición se reencuentran en la tranquilidad de las ciudades, barrios y colonias, en los actos litúrgicos, las expresiones religiosas populares en las calles y en la gastronomía con alimentos que, desde niños, se ingieren en los días santos.
En los centros de trabajo, el sector privado e instituciones autónomas, como el Instituto Hondureño de Seguridad Social, la espera para el descanso o los avatares de viaje se prolongan hasta el miércoles, día en que se pueden dar iniciadas las vacaciones de verano para todos. Unas minivacaciones en un larguísimo y abrasador verano que no disminuyen el deseo de hacer algo distinto, incluso con exagerado desbordamiento de la capacidad financiera familiar o personal, pero quién no se da algún gusto, aunque después vengan los telefonazos y los trancazos.
Por las vísperas, pero sobre todo por la experiencia de cada año, los cálculos de previsión y las medidas de prevención ayudan eficazmente a disminuir las tragedias, a aminorar dramáticas cifras y a proteger en carreteras, en playas y balnearios a los veraneantes; sin embargo, la responsabilidad mayor es de cada uno de los conductores, de los adultos en el cuidado de los menores, de los bañistas, cuya irresponsabilidad por impresionar o por no atender elementales consejos arriesgan su vida. Aquí sí habrá que grabar en el “chip” personal y colectivo aquello de “tengamos la fiesta en paz”.
Todo ello está sintetizado en el lema de la campaña, cuyo objetivo es reducir los accidentes viales, los incidentes que se inician con el desbocamiento de los sentidos y la pérdida de la razón y terminan, por el alcohol o las drogas, en violencia. Por ello, el sabio consejo: “Ama a Honduras, disfruta con prevención”, pues la belleza de nuestro país está al alcance y solo espera que su admiración, protección y disfrute contribuyan a días felices y al mejoramiento de la calidad de vida de los hondureños.
El desafío es para todos y serán, todos los integrantes en el desarrollo de la campaña de verano seguro, los ciudadanos que viajan y los que quedan en las apacibles ciudades los responsables para lograr que, al terminar estos días, haya satisfacción porque la jornada veraniega ha sido en paz.