Diseño de un plan maestro

El actual Gobierno enfrenta el desafío de planificar y coordinar de manera eficiente la administración pública, evitando la improvisación del pasado y priorizando la meritocracia y la honestidad en la selección de su equipo para garantizar servicios de calidad y el desarrollo del país.

Es de suponer que el actual Gobierno ha elaborado o se encuentra en las últimas etapas de su diseño previo a su implementación, a efecto de contar con una visión de conjunto del proceso administrativo, su calendarización e implementación gradual. Tal documento, idealmente consultado con las fuerzas vivas de la nación para poder contar con la debida retroalimentación, permite planificar y coordinar las distintas secretarías de Estado, y estas puedan a su vez integrar en un todo los distintos planes operativos de las diversas dependencias a su cargo y responsabilidad.

La total improvisación que caracterizó al Gobierno anterior, con el consiguiente derroche y despilfarro de recurso humano y monetario, creando duplicidad y traslape de funciones, no puede ser repetido por el actual. Ello agravaría, aún más, el difícil legado heredado que está impactando negativamente en las finanzas públicas y que pone a prueba tanto la voluntad política como la capacidad ejecutiva para irlo remontando.

El actual mandatario se caracteriza por su capacidad de trabajo, la que ha caracterizado su trayectoria laboral, tanto como empresario como alcalde de la capital. Empero, ahora tiene bajo su cargo todo un país poblado por cerca de diez millones de compatriotas, dos terceras partes de los que subsisten en condiciones de pobreza y marginalidad. Ello implica que para hacer frente al cúmulo de desafíos que debe superar requiere equipos de colaboradores compenetrados de similar mística, capacidad y entrega. Es por ello que en este espacio editorial hemos insistido, y lo seguiremos recalcando, que la meritocracia y la honestidad deben prevalecer en la selección de las personas que ya se incorporaron o están integrándose al servicio civil, en sus distintos niveles y jerarquías.

De nueva cuenta, el contraste con el anterior régimen debe convertirse en una lección para, a partir de ahora, descartar la incondicionalidad y lealtad a una persona como criterio para el reclutamiento del recurso humano incorporado a la administración del Estado. La incorporación de los mejores y más capaces, más allá de su filiación partidaria, implica que se está deponiendo el sectarismo político como guía y factor fundamental al momento de seleccionar a quienes se integraron o están por hacerlo en el presente Gobierno.

El tiempo avanza raudo y cada día desperdiciado significa veinticuatro horas menos en la prestación de servicios de calidad a nuestros compatriotas, en la dinamización de la economía, en la generación de nuevas oportunidades laborales con los debidos estímulos para promover la inversión local y extranjera en áreas que estimulan mayores niveles en la producción y productividad. Un sentido de urgencia debe filtrarse en los distintos niveles del actual Gobierno. Recordemos que una sola golondrina no hace verano.

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