Si durante el gobierno que entregó el poder el recién pasado día 27 de enero al presidente Nasry Asfura, triunfador en los comicios del pasado noviembre, los compatriotas dedicados en pequeña, mediana y gran escala a la industria y el comercio fueron víctima de enfrentamientos y hostigamientos, no solo innecesarios sino también totalmente contraproducentes para la estabilidad económica del país, es de esperar que en el nuevo gobierno se tiendan puentes de mutua cooperación que redunden en un clima propicio para la seguridad jurídica y de las personas, el respeto a la propiedad privada, la generación de un clima propicio para inversiones frescas por parte del capital local y extranjero, con incentivos fiscales, modernización y reparación de la infraestructura hoy en crisis: carreteras, caminos de acceso, instalaciones portuarias, abastecimiento de energía las 24 horas del día, lo que indudablemente repercutirá en la gradual recuperación material y actitudinal del capital y el trabajo, de una parte, y del Estado por otra, laborando de manera coordinada vía planificación, diálogo y concertación.
Ya no se pretende un mercado cautivo protector, que impone barreras arancelarias a las importaciones, pero sí la forja de alianzas público-privadas que redunden en provecho de ambas partes.
Al igual que las nuevas autoridades, también las y los empresarios deben atender al creciente número de compatriotas que están retornando a su patria, sea por voluntad propia o por haber sido deportados. Ellas y ellos se merecen plena asistencia y otorgamiento de oportunidades escasas o inexistentes cuando optaron por abandonar sus hogares para aventurarse en otras latitudes a riesgo de sus vidas.
No olvidemos que durante el 2025, las remesas por ellas y ellos enviadas a familiares ascendieron a más de diez mil millones de dólares, monto superior al total de exportaciones durante esos doce meses.
Tanto el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep) como las distintas cámaras de industria y comercio aguardarán, a su debido tiempo, el inicio de un encuentro nacional en que ambas partes presenten propuestas concretas y puntuales que progresivamente cimienten vínculos de acercamiento y entendimiento entre las partes, en que la mutua confianza y comprensión sean el común denominador.
Sabemos que las nuevas autoridades enfrentarán retos formidables, de diverso tipo, que al no ser abordados -menos resueltos- se han ido acumulando sin recibir adecuado tratamiento, con el transcurso del tiempo en que la indiferencia, apatía, incompetencia, corrupción, prevalecieron. Sepan que cuentan con la comprensión y buena voluntad para cooperar en un común propósito y esfuerzo que impacten positivamente en el desarrollo humano, crecimiento y desarrollo material de nuestro hogar común: Honduras.
No tenemos ninguna duda que cuando en su momento la empresa privada sea llamada, estará presta a trabajar al unísono con el sector público.