La decisión unilateral adoptada por Alexander López, alcalde de El Progreso, departamento de Yoro, ha sido derogada como resultado del masivo rechazo ciudadano al aumento del 300% de la tasa vehicular. La medida careció de unanimidad entre los integrantes de la Corporación Municipal, ya que siete regidores se opusieron a tan desproporcionada alza, la cual originó pérdidas en la economía de la ciudad como consecuencia de la toma de calles por parte de los taxistas, en una protesta que fue secundada por empresarios y diputados.
La justificación esgrimida por el alcalde López para este inconsulto aumento se basaba en que lo recaudado serviría para mejorar la infraestructura, ampliar la conectividad interna y rehabilitar las calles interurbanas. Sin embargo, se abstuvo de encontrar los procedimientos adecuados para recuperar la mora municipal acumulada, que oscila entre 1,700 y 2,000 millones de lempiras, principalmente por concepto del pago de impuestos sobre bienes inmuebles, industria y comercio.
El resultado de la paralización de las actividades comerciales derivó en pérdidas económicas para los sectores productivos progreseños, lo que afectó tanto a comerciantes e industriales como al sector servicios.
Queda evidenciado que hizo falta un análisis previo del impacto de esta alza en el cobro de la tasa vehicular, así como mayor flexibilidad y comprensión de la crisis financiera que experimenta la Perla del Ulúa, la cual tiende a profundizarse si no se adoptan medidas urgentes que permitan su rescate por parte del gobierno central o, en su defecto, la contratación de préstamos con la banca nacional o internacional.
En casos como el aquí reseñado, hubiera sido útil el Banco Municipal Autónomo, suprimido hace varias décadas tras haber sido creado para fortalecer a los distintos municipios del país mediante la prestación de asesorías técnicas.
Moraleja de esta crisis, felizmente superada: toda negociación requiere consultas previas y un sentido realista de lo posible. Vale recordar un principio básico de toda negociación: doy y das, toma y daca, hasta alcanzar consensos aceptados por las partes.
Un ejemplo reciente de lo anterior se encuentra en las negociaciones conducentes al nuevo salario mínimo, en las que el empresariado y las federaciones obreras, tras prolongadas reuniones, llegaron finalmente a un punto de equilibrio entre sus posiciones iniciales.
La adopción de medidas y disposiciones unilaterales e intempestivas provoca reacciones contrarias a las esperadas, precisamente por haber sido implementadas sin una consulta previa con todas las partes involucradas, a fin de recibir sugerencias, explorar nuevos cursos de acción y considerar alternativas que enriquezcan o modifiquen las propuestas originales con el único propósito de fortalecerlas, antes que debilitarlas o diluirlas.
Se debe contar con una buena dosis de paciencia y flexibilidad, sin ideas preconcebidas, en un ambiente democrático que haga posible que todas las voces sean escuchadas y analizadas, sopesando los respectivos pros y contras de cada una.
El resultado final es verdaderamente enriquecedor: una lección de civismo e inteligencia que la experiencia y la madurez intelectual facilitan.