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Deuda

  • Actualizado: 23 enero 2020 /

    Al pronunciar la palabra deuda inmediatamente se refleja en el rostro una risa irónica con atención y atracción al dinero, el mundo financiero, pero hay otras deudas, una de las cuales pesa demasiado y a la cual, desde la óptica de la educación, se califica de social, pues sus consecuencias rebasan los problemas personales para adentrarse de lleno y masivamente en la sociedad.

    La Mesa de Debate, integrada por académicos, desarrolló, largo y tendido, el tema de la educación, resaltando con orientación el punto de referencia del sistema sobre el cual se halló un inmenso vacío no solo por el gran número de niños y jóvenes no integrados en las labores educativas, sino por los agravantes en los objetivos y metas del sistema débiles en la formación de valores y apenas eco de la demanda del mercado laboral cada vez más innovador y exigente.

    Hay deuda, con pesada mora, con los jóvenes “ninis”, cuya supervivencia, de no poner remedio, se desarrollará en contra de la sociedad en la que no han encontrado llegar, por lo que es necesario y urgente incluirlos en el sistema para que ellos mismos creen el sentido de su existir para su beneficio, el de su familia y el de la sociedad. La situación actual de inseguridad y violencia debiera entenderse como dura lección por la ceguera e indolencia del pasado cercano.

    Los profesionales universitarios en evaluación educativa dieron a conocer que la cobertura de la educación superior apenas alcanza un 16%, lo cual se halla lejos de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles anunciados por la ONU. Si hasta hace unos años, no tan lejanos, la graduación en secundaria era puerta al mundo laboral, las exigencias de hoy sobrepasan, incluso, el título universitario con exigencias de especialización respaldada en doctorado o maestría.

    ¿Utopía? No, exigencia de un mundo entregado de lleno a la especialización y la tecnología que, de momento, rebasan con mucho las capacidades del sistema educativo, público y privado, pero que habrá que acelerar el paso, con constante y hasta extenuante capacitación de docentes, con permanente actualización de los programas y sus contenidos, con la adquisición de equipo y con la concienciación en los jóvenes de su responsabilidad en el futuro, aunque para ello, la sociedad tiene que dar un cambio, de arriba hacia abajo, de 80 grados, de lo contrario no solo no mejoraremos, sino que estará más cerca el fondo del abismo. No pasamos por revoluciones industriales y la cuarta ya está aquí. El desafío para el sistema educativo es gigantesco y para los educandos mucho mayor por el peso de una sociedad en deterioro.