Parece imposible, pero la esperanza es lo último que se pierde, tal como están mostrando miles y miles de jóvenes en las calles de todas las ciudades del mundo mientras con desconfianza y recelo políticos y jefes de Estado se reúnen en la ONU, aunque hay otros que con sus guerras comerciales y su miopía en el ámbito económico se concentran en el haber y beneficios inmediatos, menospreciando o despreciando el déficit colectivo, con graves consecuencias para la calidad de vida humana e, incluso, para la supervivencia de todas las especies.
El hogar común hoy y también de las generaciones venideras se halla en grave riesgo por el cambio climático, que ha lanzado a la calle a multitudes de jóvenes preocupados por el mañana, que llegará a ser su hoy con todas las desgracias que desde ahora vamos acumulando. No es cuento, son sequías y tormentas cada vez más devastadoras.
En el inicio de la última década del siglo pasado se logró un acuerdo, convenio marco sobre los gases de efecto invernadero. Han pasado los años y los gases invaden la atmósfera, por eso la cita a alto nivel de esta semana vuelve la vista a los acuerdos más recientes, los adoptados en París en 2015, sobre los que habrá que reconocer, con sobradas muestras de culpa de todos, pero sobre todo la de aquellos más irresponsables que, con hipocresía, no quieren ver que en el archivo quedaron.
Si hasta hace poco la meta estaba a la vista, la propuesta ahora es que en 2100 la temperatura del planeta haya dado un frenazo y su aumento sea menor a 1.5 grados, lo cual más que un reto desafiante es una necesidad existencial, pues en estas casi dos décadas del siglo XXI la temperatura ha subido un grado. La huella del calor es irrefutable con muestras visibles en los glaciares, los polos y los fenómenos metereológicos cada vez más extremos.
No necesitamos los hondureños mirar hacia afuera ni leer de catástrofes ambientales ajenas, la escasez de agua y la pérdida de cultivos son los más cercanos y perniciosos daños a la economía nacional, que se traduce en más pobreza y mayor miseria en miles y miles de familias hondureñas.
En la ONU hablarán y suscribirán acuerdos, pero los hondureños, todos, sin excepción, necesitamos tomar conciencia de lo que ya está presente, pero que es aviso de algo peor si no comenzamos a prevenir. Habrá que dar solución a los problemas ambientales de hoy, pero, sobre todo, extender la vista porque faltan males mayores y, como dicen en el pueblo, mucho más peores.