12/03/2026
09:25 AM

Alivio, pero...

    El tradicional pleito de bolos con que se solía cerrar la nota roja o el informe policial hace algunos años ha desaparecido en la redacción periodística y en las explicaciones verbales de los policías cercanos a los informadores. La violencia, azote implacable, traducida en inseguridad colectiva queda reflejada también en el lenguaje en el que “arma de fuego” es la protagonista diaria.

    Es tal la vorágine que dos decenas, así, de víctimas en las fiestas recién pasadas representan un alivio, pues en referencia a la misma fecha del año pasado se ha producido un “bajón” que ojalá sea firme presagio de que se está produciendo un cambio efectivo en la acción policial, en el trabajo del Ministerio Público, en las decisiones de los tribunales y, sobre todo, en los hondureños que necesitamos dar a la vida de las personas el valor supremo que tiene.

    Una golondrina no hace verano y por eso, aunque sea un efímero deslumbrón en este ambiente aterrador, nos aferramos a estos datos preliminares que entre males mayores, son menor para seguir por esta ruta en la que podamos hacer realidad, en un corto período, el mensaje navideño de “paz en la tierra”.

    El camino es difícil. La plena depuración policial es aún una tarea pendiente que, pese a los gigantescos obstáculos, debe llegar a su meta. Es tal la gravedad que no cesan las voces exigiendo rapidez en el proceso; sin embargo, es saludable recordar expresiones como aquella de “lento que llevo prisa” o la del científico Gregorio Marañón: “La rapidez que es una virtud, engendra un vicio, que es la prisa”.

    También la depuración con la vista puesta en el adecentamiento para hacer efectiva la lucha contra la violencia y la criminalidad ha dado ya los primeros pasos en el ambiente judicial o donde el Consejo de la Judicatura ha suspendido jueces y ha emprendido causas al final de las cuales las resoluciones dictarán el reintegro o la expulsión.

    También en otro de los operadores de justicia, la Fiscalía, sobre el que han recaído muchas de las quejas por los fracasos en los tribunales, se realizan labores de depuración que habrán de ser completadas, lo mismo con la policía y los jueces, con un plan permanente de capacitación profesional para disminuir la abismal distancia entre el actuar de los criminales y el de las autoridades. Para las tres instituciones, la disponibilidad de recursos y equipo es una debilidad endémica que deja al descubierto los débiles flancos. El comienzo de una nueva administración es recibido aún con esperanzas, cada vez más frágiles, de cambios para mejorar. ¿Prioridad? Seguridad personal, respeto a la vida; de ahí el empleo no será utopía; la medicina en los hospitales y centros de salud aliviará el dolor y la enfermedad; en educación, los doscientos días quedaron “chiquitos”, iremos a más; en los parques y calles habrá convivencia, no temor. Estamos hablando de otra Honduras, la que queremos para todos.