Feliz Día del Padre

Aunque las circunstancias que estamos atravesando no son las mejores para felicitar, no podemos dejar pasar por alto que hoy, en Honduras y en muchos otros países, se rinde homenaje a la figura de aquel hombre que, además de engendrar, es uno de los pilares sobre los que descansa la vida familiar. Y aunque en nuestro país casi la mitad de los hogares están presididos por una mujer, que hace de padre y madre, no por eso puede dejar de reconocerse el papel que juegan muchos hombres que, muchos más que llevar el sustento material a casa, actividad que hoy se comparte con la esposa en la gran mayoría de las familias, son el apoyo permanente de sus hijos y les dan ejemplo de vida virtuosa en muchos campos de la vida profesional y ciudadana.

La celebración se lleva a cabo hoy en honor a San José, padre putativo de nuestro Señor Jesucristo y esposo de la Virgen María.

La Sagrada Escritura da testimonio de la conducta ejemplar de este hombre, al que llama “justo”, palabra que en el contexto de la época quería decir honrado, íntegro, de una sola pieza.

Este José, al que honramos hoy, según nos narran los Evangelios, buscó afanosamente posada para su esposa en cinta y, al no encontrarla, dispuso diligentemente un sitio para que se llevara a cabo aquel parto que cambiaría la historia de la humanidad, salvó de la muerte al Niño llevándolo al exilio a Egipto y, al regresar, se instaló en Nazaret, en donde enseñó su oficio al Redentor.
San José es modelo de esposo y padre, ya que difícilmente se es lo segundo sin ser lo primero.

De ahí que los padres de este país tienen un referente claro al que imitar. Y aunque la vida conyugal y la crianza de los hijos tienen innumerables retos, no por eso deben abandonar la batalla y dejar de crear un clima hogareño verdaderamente formativo y de servir de guía a sus hijos hacia una vida presidida por los valores.

Nuestra felicitación, pues, a esos hombres que se hacen dignos del título de padres y, por justicia, a aquellas mujeres que cumplen un doble rol y que sacan adelante, con real sacrifico, a una prole muchas veces numerosa.