A raíz del fuerte incremento que han sufrido los precios internacionales del petróleo y de varios alimentos como el maíz, trigo, arroz, y otros, nuevamente se escuchan en nuestro país los tambores de los controles de precios, retumbados por algunos políticos, periodistas y representante de grupos de interés, los que según sus arcaicos conceptos, el Gobierno, que no produce nada, debe ser el gran fijador de precios, independientemente del entorno económico que rodea la producción.
Como siempre, los controles de precios parecen ser la 'solución mágica' para detener la inflación. Sin embargo, como se ha comprobado en todo el mundo y bajo distintos regímenes políticos, los controles de precios no funcionan y más bien lo que provocan es desmotivación para la producción y a la larga, escasez. Los gobiernos y los políticos no producen bienes y su responsabilidad es mantener un ambiente que sea propicio para la producción, asegurar que existe la competencia y se castigue la especulación.
Como todos sabemos, los precios son determinados por la oferta, o sea la cantidad de bienes producidos y puestos a disposición de los consumidores y la demanda, es decir, la cantidad de bienes que los consumidores están dispuestos a comprar. Los precios, que son determinados por el mercado, no pueden ser fijados por un decreto estableciendo un control de precios y más bien lo que se provoca es un desbalance en el funcionamiento del mercado, que viene a afectar la oferta o producción de bienes al no crear incentivos para los productores, provocando, por el contrario, una disminución en la producción y mayores precios.
Al aprobarse controles de precios, inmediatamente surge el mercado negro, donde el comprador generalmente paga precios más altos que los establecidos artificialmente por la regulación. Los hondureños todavía recordamos la época de los Cetras y de las cuotas para poder tener acceso a divisas al precio establecido artificialmente por las autoridades; mientras que en el mercado negro las personas encontraban la fuente para atender sus necesidades al precio establecido por el mercado.
Inmediatamente que se establece un control de precios se crea el ambiente adecuado para promover la corrupción. Cuando los funcionarios de alto o bajo nivel tienen la discrecionalidad de fijar los precios, de aprobar cuotas o de determinar a quién se le vende producto al precio fijado artificialmente, se promueve la tentación del soborno o de ayudar al correligionario o amigo, en detrimento del resto de los participantes en el mercado.
En los países adonde se practica una economía de mercado, la libertad de precios ha demostrado ser la mejor forma de mantenerlos a nivel bajos, siempre y cuando exista la competencia y el Gobierno cumpla con su papel de protector del consumidor evitando la especulación y los arreglos de precios entre los distintos participantes en el mercado.
Está claro que la respuesta a los incrementos en precios es crear las condiciones para incentivar la producción, fomentar la competencia y establecer los mecanismos para detectar y castigar a los especuladores y a los arregladores de precios. Si la producción interna es insuficiente para atender la demanda, entonces debemos incrementar la oferta mediante la importación de bienes, ajustando los aranceles a niveles que permitan que la producción nacional pueda competir, si se produce a niveles eficientes. Las ineficiencias en la producción afectan negativamente a los consumidores.
Pero también los incrementos en los precios tienen mucho que ver con las políticas macroeconómicas del Gobierno. Si como en el caso de Honduras, el Gobierno incrementa fuertemente su gasto corriente y especialmente en sueldos y salarios e incremento de la burocracia, es claro que todo ese circulante en poder de los empleados públicos se traduce en una mayor demanda de bienes, que al no producirse internamente, viene a incrementar la demanda de importaciones.
Si la política monetaria del Banco Central, en lugar de contrarrestar los excesos de la política fiscal, promueve un fuerte incremento en el crédito y especialmente en el de consumo, entonces se genera una fuerte presión sobre los precios y sobre el sector externo, que es lo que hemos vivido en los últimos años en nuestro país.Esperemos que los ejemplos de otros países donde la escasez y las largas colas son el resultado de las políticas populistas, nos sirvan para creer en el mercado, en la competencia y en la libertad.