Vaticinio sobre un anillo de boda

El anuncio de la exprimera dama Ana García de entregar a Juan Orlando Hernández el anillo de bodas que conservó desde su extradición sirve de punto de partida para una reflexión basada en un pasaje de la novela Un país en piyama.

  • Actualizado: 14 de julio de 2026 a las 00:00 -

El relato novelesco que aquí publico cae como anillo al dedo ante el anuncio hecho por la exprimera dama Ana de Hernández en el sentido de que entregará a su esposo, Juan Orlando, tras llegar a Honduras, la sortija de bodas que dejó en sus manos al momento de ser extraditado.

El texto es parte del último capítulo de mi libro Un país en piyama, una novela política, mezcla de ficción y realidad. Helo aquí:

“Horas antes de ser subido al avión de la DEA con un cinturón de cuero conectado a las esposas para limitar sus movimientos, se despidió de su cónyuge, Ana Rosa, y de sus hijos en la celda del comando policial de Tegucigalpa, en donde estuvo preso desde su captura.

Amor: tu familia y el país por el que sacrificaste tu vida te estaremos esperando; estoy convencida de que volverás, claro que regresarás, no vas a morir en una celda -expresó la mujer con los ojos lacrimosos.

Como respuesta, el expresidente la estrechó fuertemente contra su pecho y le dio un beso desapasionado en los labios.

Volveremos a estar juntos. Estos momentos no debemos recordarlos con tristeza, sino con esperanza -expresó él, esforzándose por mostrarse sosegado en un momento tan difícil, tal como le enseñaron en el liceo.

Fue también en esa institución al norte de Honduras, cuyo lema, paradójicamente, era nunca mentir, nunca robar y nunca engañar, en donde también comenzó a moldear su liderazgo y forjar sus sueños de convertirse en un hombre poderoso, haciendo lo que tuviera que hacer para lograrlo.

Enseguida, ella le ayudó a ponerse una casaca acolchada que le había comprado el día anterior y corrió la cremallera hasta formar el cuello de tortuga.

Por si está haciendo mucho frío en Nueva York -farfulló Ana Rosa, viendo en su reloj que se había vencido el tiempo que le dio la autoridad militar para la despedida en privado.

Rápidamente, Hernández zafó su anillo de 23 años de matrimonio y se lo entregó a su esposa. A una de sus hijas le dio su inseparable cadena de oro; a la otra, un crucifijo del mismo metal; y al hijo, su Seiko automático.

Sabía que no necesitaría más, para el viaje, que la ropa que llevaba puesta y que equivalía a la piyama con que fue expulsado Manuel Zelaya cuando Hernández era diputado por el partido conservador.

Espero que estas joyas vuelvan a mí cuando nos reencontremos, así como los abrazos y los besos con que hoy nos despedimos -dijo el extraditado en el clímax emocional de aquel momento histórico”.

El próximo 26 de julio es la fecha esperada para que se cumpla este deseo por obra y gracia de un indulto otorgado por la misma nación que lo condenó.

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