En La Habana, en Oquendo y Salvador Allende, hay un apartamento en donde vivía Fernando Carr Parúas con su esposa y colaboradora Moralinda del Valle. Ahí funcionaba una verdadera casa de amistad con Honduras.
Fernando fue compañero de universidad de los primeros hondureños que, durante el régimen de Villeda Morales, viajaron a Cuba becados para hacer una carrera universitaria. Fernando amaba a Honduras y su ocupación era escribir la columna “Gazapos” para la Revista Bohemia y otras publicaciones cubanas y atender a todo hondureño que se apareciera por La Habana.
La columna la inició José Zacarías Tallet y, al morir este, la asumió Fernando, que era el más cercano colaborador. En la columna se arremetió sin problema alguno contra los disparates y los dislates, y de cuanto hubiera que apareciera en los medios y por algún tiempo.
Fernando entre su herencia nos dejó tres libros de los gazapos, en donde recopiló los más destacados aparecidos en Bohemia.
Vienen a mí estos recuerdos porque aquí diariamente cometemos dislates y disparates en el uso del lenguaje, tanto por los ciudadanos como por los periodistas y funcionarios del Estado.
En la segunda mitad del siglo pasado había en Canal 5 un programa popular llamado “A la caza del gazapo”, que introducía y finalizaba un fragmento de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Antonín D’Vorak. Desgraciadamente duró poco tiempo.
En Honduras, por mandato constitucional, el idioma español es el oficial. Por tal razón, el Estado y la Academia Hondureña de la Lengua están en la obligación de velar por su pureza y hacer que el pueblo, pero principalmente los empleados públicos y los periodistas, hablen de manera correcta, y que las palabras que usan en los documentos públicos expresen lo que realmente se quiere decir con auténtica claridad y justeza.
Uno de esos dilates es el utilizado por los productores de café tostado, molido y embolsado ofrecido a catrachos y extraños.
Los atropelladores del idioma que venden café ponen en las bolsas: tueste especial, tueste medio y todas las variedades de tuestes que se les ocurra.
Tueste es la forma del presente del subjuntivo en las personas, primera y tercera personas. Que yo tueste, él tueste.
El modo subjuntivo es uno de los tres modos verbales en español utilizado para expresar subjetividad, deseos, dudas, posibilidades, emociones, órdenes negativas o situaciones hipotéticas e irreales. A diferencia del indicativo, que señala hechos reales, el subjuntivo representa acciones no consolidadas.
Por eso decimos: ¿tú deseas que yo tueste el café o que él lo tueste? Dijo que no tueste.
Para expresar la condición de cocción del grano de café en el horno o en el comal -como lo hacían nuestras madres en el pasado- debemos utilizar el participio y no el subjuntivo.
El subjuntivo es una forma personal, pero el participio no. Se utiliza para denotar acciones terminadas.
La caña está cortada, Este es café tostado. Hemos hecho un tostado especial a este café, ofrezco café con tostado especial.
No un tueste especial, como han escrito los productores en las bolsas que están destinadas a la exportación de nuestro sabroso café que no saben español.
El participio es realmente un adjetivo que califica al sustantivo, pero en la frase un tostado especial, la palabra tostado hace las veces de un sustantivo adjetivado por la palabra especial.
Las oficinas encargadas de marcas y patentes, la de comercio, deberían tener entre sus empleados a expertos en el conocimiento del español correcto para que el etiquetado de nuestros productos industriales o manufacturados sea conforme a las normas que establece la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale).
Existe en Honduras la Academia Hondureña de la Lengua, encargada de velar por la pureza del idioma.
Es la institución que sin ser parte de Estado ha recibido la tarea de trabajar con esmero y responsabilidad en la lucha por mantener incólume nuestra lengua y promover su uso adecuado, sobre todo en el uso correcto -hablado o escrito- de las palabras, de la puntuación y su acentuación.
La tilde es hoy obligatoria en las palabras escritas con mayúsculas o minúsculas.
La Academia Hondureña de la Lengua perfectamente podría contribuir con el Estado para que, antes de dar el visto bueno a una marca o un rótulo publicitario, estos sean sometidos a revisión para corregir cualquier dislate o disparate usado con el total desconocimiento de la gramática y la ortografía, que son una especie de constitución universal de la lengua española.