16/09/2026
03:02 PM

Trump hizo lo adecuado al atacar a siria

Es dudosa la legalidad de los ataques aéreos contra Siria que ordenó el presidente Donald Trump. Fueron hipócritas. Fueron impulsivos. Es posible que su motivación haya sido política. Crean riesgos nuevos para Estados Unidos.

Sin embargo, por encima de todo, fue lo adecuado. Soy profundamente suspicaz de las políticas y la competencia de Trump; pero este es un caso en el que él tiene razón y Obama estaba equivocado. En efecto, muchos de nosotros creemos que el peor error de Obama en política exterior fue su pasividad en Siria. Uno de los problemas de Trump es que ha mentido tanto y con tanta frecuencia que no tiene credibilidad en Estados Unidos, ni en otros países, en una crisis como esta. También encuentro perturbador que llegara a la decisión correcta en una forma impulsiva, dándole un giro de 180 grados a la política después de que surgieron fotografías apremiantes de niños gaseados en Siria. ¿Realmente, un Presidente debe depender de las fotografías que se toman para tomar decisiones sobre la guerra?

No obstante, a pesar de toda mi desconfianza en las motivaciones y la capacidad de Trump para ejecutar una estrategia, estas son las razones por las que creo que hizo lo adecuado.

Desde los horrores del gas mostaza durante la Primera Guerra Mundial hace un siglo, una de las normas internacionales más exitosas del mundo ha sido el tabú de usar armas químicas. Todos tenemos un interés en reforzar esa norma, así es que esto no solo se trata de Siria, sino, también, de disuadir al siguiente dictador para que no recurra al sarín.

Para un Ejército al que se le exige demasiado, el gas venenoso es una forma conveniente para aterrar y sojuzgar a la población. Por eso es que Sadam Husein utilizó gas contra los kurdos en 1988 y por qué Bashar Asad lo ha empleado en contra de su propio pueblo en Siria. La mejor forma que tiene el mundo para cambiar el cálculo es mostrar que el uso de armas químicas conlleva un precio especial: como un ataque militar contra una base aérea.

Paradójicamente, es posible que Asad haya utilizado armas químicas porque percibió una luz verde por parte del Gobierno de Trump. En los últimos días, Rex Tillerson, Sean Spicer y Nikki Haley indicaron que ya no era la política estadounidenses presionar para quitar a Asad, y eso pudo haberlo envalentonado para abrir la caja de herramientas con las armas químicas. Ese error hizo que fuera doblemente importante para Trump mostrar que ni Asad, ni ningún dirigente puede librarse cuando usa armas de destrucción masiva. Miren, para un niño sirio, no importa mucho si la muerte la produce una bomba de barril, un proyectil de mortero, una bala o un agente nervioso. Yo espero que Trump también muestre mayor interés en detener todas las matanzas de sirios; pero sigue siendo importante defender la norma en contra de las armas químicas (Estados Unidos debilitó esa norma después del ataque con gas de Sadam porque sugirió, falsamente, que Irán era el responsable). Los críticos notan que los ataques aéreos de Trump no tienen una clara base legal. Tienen razón y esa es una de las razones por las que no actuó Obama. Sin embargo, la legalidad de la intervención de Bill Clinton en 1999 para prevenir el genocidio en Kosovo también es incierta, y gracias a Dios por ello. Clinton ha dicho que su mayor error en política exterior fue no haber intervenido en Ruanda durante el genocidio de 1994; la legalidad de cualquier intervención allí también habría sido incierta, y habría sido lo correcto. Hay riesgos hacia adelante, de que Rusia o Siria ataquen aviones estadounidenses o de que Irán busque venganza en contra de los estadounidenses en Irak. Es raro que los planes de guerra sobrevivan al primer disparo, y es más fácil iniciar las intervenciones militares que terminarlas. Sin embargo, mientras no busquemos derrocar militarmente a Asad, todos tienen un interés de evitar las escaladas. También es justo que los críticos resalten la hipocresía de Trump y planteen las inquietudes de que pudo haber disparado los misiles por razones políticas, para mostrarse como un líder y distraer de los problemas políticos. Por supuesto que Trump objetó previamente lo que está haciendo ahora. Refiriéndose a Obama en 2013, tuiteó: “El Presidente debe obtener la aprobación congresal antes de atacar a Siria”. Y cuando Trump habla del sufrimiento de los “hermosos bebitos” de Siria, uno se pregunta cómo justifica el vilipendio y la prohibición contra esos mismos bebés con su prohibición de viajar. Con todo, yo prefiero que Trump haga lo correcto en forma incongruente, a que en forma congruente haga lo que está mal.

Muchos de mis compañeros progresistas se oponen visceralmente a cualquier uso de la fuerza, pero yo creo que eso es un error. Yo estuve en contra de la guerra de Irak, pero algunas intervenciones militares salvan vidas. La zona de exclusión aérea en el norte de Irak en los años 90 es un ejemplo, al igual que la intervención británica en Sierra Leona y la francesa en Mali. Es prudente ser suspicaces de las intervenciones militares, pero es imprudente rechazar categóricamente cualquier uso de la fuerza.

¿Se quieren pruebas de que pueden funcionar las intervenciones militares en Oriente Próximo? En 2014, Obama ordenó ataques aéreos, cerca de la frontera entre Siria e Irak, en contra del EIIL, porque estaba atacando a miembros de la minoría yazidi. Esos ataques estadounidenses salvaron muchos miles de vidas yazidis, aunque se realizaron demasiado tarde para salvar a miles de personas más a las que mataron o secuestraron para hacerlas esclavas sexuales.En Siria, la pregunta crucial es qué sigue. Los políticos hablan audazmente de remover a Asad de Siria. ¿En serio? La gente ha estado contando con la caída de Asad desde hace ya seis años y está tan firmemente afianzado como nunca. Más aún, las pistas de aterrizaje se pueden reconstruir, y si se trató de un único ataque, entonces, continuará indefinidamente la matanza mayor en Siria. Sin embargo, espero que el Gobierno pueda usarlo como una herramienta para presionar para que haya un cese al fuego.

Cuando era secretario de Estado, John Kerry trabajó valientemente por un acuerdo de paz en Siria. Sin embargo, no tenía ni zanahorias ni palos que ofrecer. Kerry le suplicó a Obama que le diera una ventaja con ataques militares, pero este se negó. Ahora, el Departamento de Estado finalmente tiene una ventaja. Sin embargo, trágicamente, parece que carecemos de un secretario de Estado con la influencia y la inclinación para aprovechar esa ventaja y presionar para que se dé un acuerdo de paz. El curso que yo propongo seguir en Siria es el mismo que han preferido Hillary Clinton y muchos otros: ataques con misiles para hacer que la pequeña fuerza aérea de Asad permanezca en tierra. Esto debería ayudar a terminar con las bombas barril y hacer que Asad se dé cuenta de que no tiene ninguna solución militar y que es momento de negociar. El resultado negociado mas plausible sería un cese al fuego de largo plazo y una división de facto de Siria: postergar la reintegración hasta que ya no esté Asad. Aun si no podemos utilizar a los ataques militares en el acuerdo de paz, ellos valen la pena para degradar los activos aéreos que utiliza Asad para matar a su propio pueblo.

Siria es un país espectacular, que hace pensar en la historia, al que habita un pueblo normalmente cálido y hospitalario. Con todo, la cautela bien intencionada de Obama ha permitido que la espiral descendente en Siria se convierta en un símbolo de brutalidad y sufrimiento que también ha agravado el cisma sunita-chiita en todo el mundo.

Debido a que no había ninguna opción buena en ningún día dado, siempre optamos por hacer poco o nada. El resultado fue que mataron a más de 300,000 personas, torturaron y violaron a vastas cantidades, huyeron casi cinco millones de refugiados y desestabilizaron a otros países, el EIIL sembró el terrorismo en todo el mundo y, poco a poco, fueron apareciendo genocidios en contra de las comunidades yazidis y cristianas en Siria e Irak. A pesar de las legítimas inquietudes sobre los riesgos por delante, otra vez podríamos solo tener una ventana para detener el derramamiento de sangre en Siria. Me da gusto que Trump diera el primero e importante paso de responsabilizar a Asad por utilizar armas químicas. Sin embargo, ahora todo va a depender de si Trump, que hasta ahora ha sido un maestro de la incompetencia, puede manejar el reto muchísimo más difícil de usar a la guerra para promover la paz.