En cierta ocasión tuve la oportunidad de encuestar a un grupo de estudiantes universitarios de último año de carrera sobre sus aspiraciones personales. Preguntas concretas acerca de dónde y cómo se veían en veinte años. Las respuestas vagas y desalentadoras. La mayoría no tenían una meta específica y denotaban pobres aspiraciones personales. Los que sí eran capaces de dar hasta mínimos detalles de cómo sería su vida luego de esos veinte años, eran la minoría.
Hoy más que nunca existe una tendencia en los jóvenes a tener pobres aspiraciones. Viven cómodos en una zona de seguridad, donde viviendo a medias estan satisfechos. Como que la palabra éxito no es lo que los impulsa. Y no están dispuestos a salir de su zona de confort en su busca. Porque en casi la totalidad de los casos, éxito representa esfuerzo. Representa fortaleza de carácter, disciplina, tenacidad, perseverancia. Representa la mirada fija en ese punto en el futuro donde quieres estar. Imaginar ese lugar, soñar con esa vida, vivir plenamente lo que imaginas.
Y pedir a tu Dios, al Universo, a tu Espíritu, como le quieras llamar, que te ayude en tu propósito. Que te dé la sabiduría necesaria, que te traiga las personas y situaciones correctas, que te lleve al lugar adecuado para que en conjunto te traigan la vida que quieres vivir. Pero debe pedirse con intención, desde lo profundo, sinceramente, despojado de toda humanidad, porque con la intención pura se te dará lo que pides. Conciencia (intención), crea energía ( lo que deseas manifestado).
Y tienes que poner de tu parte. No puedes pedir y quedarte acostado. Si dejas para después lo que debe hacerse en ese momento, si eres flojo y haragán, si te conformas con poco, si vives pasándola, si tus metas son pequeñas, si piensas que más vale poco sin esfuerzo, que mucho a través de trabajo y dedicación.
Y en nuestra juventud de hoy eso es muy común. Confiados y acostumbrados a que sus padres les solucionen todo, no se esfuerzan. Porque en eso hay que reconocer que los padres (nosotros) de estos jóvenes de hoy a través de sus esfuerzos accedieron a una mejor vida que la que tuvieron sus propios padres y le han dado a estos jóvenes actuales una vida más cómoda. Les facilitaron tanto el camino que los hizo letárgicos, displicentes y faltos de aspiraciones por una vida mejor.
Pero el esfuerzo, la disciplina y metas claras, precisas, nunca han fallado como método para la obtención de resultados. Y no existe nada más satisfactorio que el desarrollar una vida con propósito. La consecución de resultados con el esfuerzo propio exalta la autoestima y alimenta el espíritu en la consecución de más éxitos. Es como una bola de nieve rodando, cuanto más rueda más grande se hace. No es malo soñar despierto. Eso es imaginarse una situación u objeto deseado y hacerlo realidad anticipadamente. Y conciencia crea energía.
El ser humano tiene que buscar dentro de sí la fortaleza para sacar adelante su vida, debe encarar la verdad de que es exclusivamente responsable de la vida que tiene, debe de dejar de culpar a Dios o a la suerte de sus desdichas, porque mientras niegue su responsabilidad, seguirá sumido en ese error de apreciación que lo mantiene dependiente de fuerzas externas confabulando contra el.
La poca autoestima viene arraigada desde la infancia. Padres permisivos en una actitud también cómoda y un sistema educativo de bajo nivel que favoreció la ley del mínimo esfuerzo. No premiaron el estudio, la disciplina, la perseverancia. No forjaron un carácter.Por eso nos gozamos en nuestro interior cuando leemos o vemos historias de gente exitosa que sí puso todo su esfuerzo y a pesar de las adversidades más inverosímiles lograron triunfar. Ese es nuestra alma que válida ese esfuerzo. Es nuestra alma que reconoce como factible el triunfo. Es nuestra alma quien internamente nos envía un mensaje de gozo en un intento de hacernos despertar de nuestra letárgia. Algunos le dicen alma, otro le dicen Espíritu, otros le dicen Dios. Fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios. Recuerdan esto?. Y que el reino de los cielos esta dentro de nosotros ?
Sigue tus sueños. Sólo ellos te llevarán a ese lugar que no conoces pero que deseas como tu vida ideal. Trabaja por ellos. Sólo con intención lo lograrás. Y pide a tu Divinidad con la certeza que se te dará. Ten paciencia, esfuérzate, y no quites la vista de el horizonte, allí donde quieres llegar.