Las redes sociales y los medios de comunicación en Honduras vuelven a girar alrededor de una pregunta que parece concentrarlo todo: ¿quién presidirá el Congreso Nacional de Honduras y cómo quedará integrada su junta directiva? Mientras el actual Congreso entra en sus últimos días en medio de un ambiente polarizado, tensiones y agresiones a la integridad humana, pleitos verbales, y se acerca la toma de posesión de los nuevos diputados electos, la sociedad permanece en vilo, expuesta a una avalancha de versiones, filtraciones, rumores y lecturas interesadas que circulan sin pausa.
No se trata solo de expectativa política. Es algo más profundo. Es una sociedad que vuelve a colocarse en estado de tensión constante, como si cada noticia fuera decisiva, cada escenario definitivo y cada versión una señal de alarma. Así, poco a poco, la sociedad se dobla. No por un hecho aislado, sino por la acumulación de peso informativo y emocional.
En este escenario, la discusión pública ya no se libra únicamente en el terreno de los hechos, sino en el de las interpretaciones. Titulares que se contradicen, audios sin contexto, supuestas primicias y afirmaciones categóricas que al día siguiente se desmienten. La sociedad observa, reacciona, se indigna, comparte y vuelve a reaccionar. El ciclo se repite, cada vez con menos espacio para la pausa y la reflexión.
El problema no es únicamente determinar si una información es falsa o verdadera. El problema es el peso que se le permite cargar a una sociedad que ya viene fatigada. Cuando cada versión se vive como amenaza y cada movimiento político se percibe como crisis inminente, el tejido social comienza a ceder. La sociedad no se quiebra de inmediato, pero se dobla.
La sobreexposición al conflicto no fortalece la democracia; la desgasta. Una sociedad cansada no piensa mejor por recibir más estímulos. Al contrario, pierde capacidad de discernimiento. Aparecen la fatiga cognitiva, la polarización automática y la desconfianza generalizada. Todo se vuelve urgente, todo exige reacción inmediata y nada se procesa con profundidad.
Cuando el rumor gobierna la reacción y la pausa desaparece, la conversación pública se deforma y la sociedad termina doblándose bajo su propio peso informativo. La sociedad pierde forma doblándose, antes de romperse.